Se detuvieron frente a un club nocturno iluminado por luces púrpuras y rosadas, lo que puso a Mónica y a Helen ligeramente nerviosas. Habían oído hablar de ese lugar, pero nunca se habían atrevido a entrar. Ahora que estaban allí, la emoción las envolvía por completo. La recepcionista las condujo hasta una cabina privada. Justo cuando entraban, un hombre salió de la cabina situada al otro lado del pasillo. Era Michael, que había salido a fumar un cigarrillo. Al levantar la vista, su mirada se cruzó con la de Celeste y se quedó inmóvil por un instante. Una vez dentro, Lily se inclinó y susurró algo a la recepcionista. Esta asintió, trajo cuatro tabletas y se retiró sin decir una palabra. Era evidente que Lily era clienta habitual del lugar. Lily tomó una de las tabletas, abrió una aplica

