Pensó que el hombre podría tener hipertensión, ya que tenía el rostro enrojecido, y quizá también problemas de memoria: había olvidado llevar la cartera y el teléfono móvil, y ni siquiera recordaba ningún número. —Celeste, este es el primer cliente —dijo Philip en voz baja—. El Ivy Restaurant está ofreciendo una gran promoción y casi todos los clientes se han ido allí. Celeste respondió con serenidad: —Lo vi cuando llegué. No importa. Era justo lo que esperaba. —Solo cálmate. Celeste tenía plena confianza en su comida medicada. A Philip tampoco le faltaba confianza; simplemente había cuidado cada detalle del restaurante con esmero, por eso lo valoraba tanto. Esperaba una buena afluencia el primer día, pero no una situación como esta, lo que lo había puesto bastante nervioso. Humphr

