capítulo 51

1449 Palabras

—¿Celeste? Ese nombre me suena… —Creo que así se llama la esposa de Caleb. —¿Estás bromeando? ¿Cómo podría ese monstruo feo ser la misma mujer que está aquí? Un hombre gritó con seguridad: —¡Un patito feo jamás puede convertirse en un cisne! Si no, ¡me como la mesa! Celeste ladeó la cabeza, y una sonrisa lenta curvó sus labios. Luego miró al hombre fijamente, con un brillo burlón en los ojos. —Felicidades. La mesa es tuya. El joven, encantado porque aquella belleza le había hablado, no captó el sentido de sus palabras. —¿Eh? —Soy Celeste —dijo ella, con cada palabra cayendo como un golpe—. La que antes era gorda, fea y tenía una marca de nacimiento en la cara. El rostro del joven empalideció al instante. Los demás se quedaron congelados, boquiabiertos. Una satisfacción oscura r

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