Andy quería defenderse, pero fue sujetado por dos hombres, mientras el tercero, con el bate de béisbol, le golpeaba los brazos y las piernas sin piedad. —¡Aah! —Andy gritaba una y otra vez. Al final, su voz se volvió ronca, casi un susurro. Al ver eso, Lily sintió un alivio inicial. Pero, al escuchar cómo la voz de Andy se debilitaba, tiró suavemente de la manga de Celeste y susurró: —Celeste… no lo mates, o estaremos en problemas. Celeste miró a Andy. Sabía que no estaba muerto, pero sí al borde del colapso. —¡Alto! —ordenó Celeste. Los tres hombres se detuvieron de inmediato, empapados en sudor y tan aterrorizados que ni siquiera se atrevían a mirarla. —¿Podemos… irnos ahora? —preguntó uno con voz temblorosa. Sabían cómo Celeste había golpeado a Jim y a sus guardaespaldas la vez

