—Vámonos a casa Jake. Él asintió y ninguno dijo nada hasta que estuvimos en el auto otra vez. — ¿Te estuvo molestando otra vez? —gruñó sin apartar la vista del tráfico. —No, de hecho... Creo que no lo hará nuevamente —susurré con el corazón roto. Acto seguido mis ojos se cerraron y Jake pareció notar mi pesar pues enseguida apoyó su mano en la mía en señal de consuelo. — ¿De qué estás hablando? —No quiero hablar. —Esta bien dulzura, siempre voy a estar aquí para ti, siempre, lo juro. Sus ojos grises no decían otra cosa más que verdad entonces algo alocado me pasó por la cabeza pero lo descarté enseguida. Si Dominik no quiere estar conmigo es por mi culpa, por causa de Jake, porque soy una... Maldición. Odiaba la cosa extraña que me pasaba con Jake, aunque esos sentimientos fuer

