El corazón me latía desenfrenado mientras las lágrimas caían por mí rostro deprisa, Alana estaba sobre mí cubriéndome hasta que los ruidos de bala se hicieron más fuertes ya que alguien había abierto la puerta. Yo comencé a hiperventilar y Alana trataba por todos los medios de calmarme frotando mi espalda. —Calma —susurraba una y otra vez. Mientras yo no entendía cómo podía estar llevando todo eso tan bien. — ¡Alana, a lo que te diga te llevas a Alaia! —La voz de mi padre debía suponer un alivio para todo este caos pero no lo era. Entonces en menos de lo que esperaba mi madre me arrastró al patio trasero e hizo que saliéramos de la casa saltando la cerca. Ahí nos esperaba una camioneta a la que mamá me hizo entrar y todo esto lo hice sin dejar de llorar. Sinceramente no parecía ser

