CAPÍTULO 48

1684 Palabras

El silencio era casi sepulcral, y en la penumbra de una noche comenzando a nacer, se sentía casi incómodo. Ni bien Leobardo había escuchado la puerta cerrarse, el lugar se transformó en una cueva que resaltaba el latir de dos corazones que se amaban profundamente, aunque, en realidad, no se comprendían del todo. —No intentaba protegerme de ti —confesó de pronto la ronca voz de un hombre que ella había creído dormido—, confío en que no romperás mi corazón, es solo que, a veces, me porto como un total idiota, y esa parte de mí ya la has visto más de una vez. Estrella Bianco, sorprendida por tan sincera confesión, no supo qué responder pues, además, si lo pensaba un poco, eso ni siquiera había sido una pregunta, era una simple confesión. » No pensé en ellas, ni en cómo iban a reaccionar

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