—¿Dónde estuviste todo el día?— Arquea sus cejas mientras que se echa un vistazo en el espejo para no tener lápiz labial. El rubio infla su pecho y pasa una mano por la comisura de sus labios, en un gesto nervioso al estar compartiendo el ascensor para con Enzo. —Necesitaba entrenar afuera de este enorme conglomerado de habitaciones, y cómo Alaric me lo permitió, no lo dudé ni dos segundos y fui a dar unas vueltas para hacer algo de cardio.— Admite de forma ronca, y toma aire cuándo salen de la caja metálica. Luego se maldice por dentro, al haber utilizado aquella palabra, teniendo en cuenta la noche que había pasado, y cómo es que había gastado energías de una forma mucho más completa y mejorada, a su parecer, no pudiendo dejar de pensar en el aroma que desprendía el cuerpo de la casta

