—Entiendo. Haz lo que debas hacer. Pero, tienes que saber, que yo te extrañaré —dijo Hedrick, con sinceridad y con sentimiento—. Te amo, Heleanor. Mi sugar mommy. —Y yo a ti, Hedrick. Mi chico de azúcar —comentó ella, siguiéndole el juego de palabras. Hedrick, sin embargo, no la vio en la empresa, ni la vio en los días siguientes. Le contestaba, pero siempre estaba haciendo o tenía que hacer algo importante. Estaba sentado en su escritorio, con su expresión inflexible. Su humor era nulo y nada le causaba gracia. Hasta, que sintió un fuerte pellizco en su brazo. Soltó un leve quejido, por el dolor. Giró su cabeza y se encontró con dos brillantes ojos verdes, como esmeralda, y un hermoso rostro, similar al de un ángel. —Tierra contactando a Hedrick. Te he estado llamando, por más de un mi

