CAPÍTULO 6
SASHA
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Nunca me había sentido tan putamente obsesionado con una mujer, lo creía improbable, estoy acostumbrado a ver a las mujeres como objetos sexuales, son como un símbolo para mí, de ellas obtengo placer no sentimientos.
Mi vida no ha sido fácil, presencié el asesinato de mi madre de las manos de mi padre cuando solo era un niño de ocho años, jamás olvidaré su sangre mojando mi cuerpo, su cuerpo cayendo a mis pies, la crianza de un niño ruso era bestial, las marcas que tengo en mi piel las había hecho mi padre con un látigo no por castigo, desde el punto de vista de un padre ruso que se dedica al narcotráfico era por aprendizaje, se suponía que bajo maltratos aprendería a ser un hombre, mientras crecía me convertía en exactamente lo que él quería una bestia, a los diez año me hizo cometer el primer asesinato aún recuerdo el disparo en la frente de aquel señor que escogió al azar en una calle transitada de moscú. A medida que crecía me enseño que no debía amar a nada ni a nadie, que el único apego que debía tener era por el dinero.
A medida que crecía aprendía a convertir el dolor en placer, me convertí en un dominante, sentía éxtasis del maltrato, no tenía empatía alguna, recuerdo mi primera relación s****l fue a mis 12 años para que aprendiera a ser un hombre, con una mujer de unos 30 que trabajaba en uno de los bares que mi padre tenía en Moscú. Ella notó rápidamente que el placer me era indiferente con el sexo tradicional por lo que hizo que la golpeara, fue allí cuando descubrí la excitación. tener el control de mi presa me consume.
Desde los 12 años soy sexualmente activo, mayormente con prostitutas que no les importa cuanto llegue a lastimarlas por unos cuantos dólares. Tenía varias habitaciones de fantasías sexuales y fetiches personales, pasó el tiempo y descubrí la combinación dolor y placer, yo era el amo y ellas mis sumisas.
Hasta que la conocí a ella Sofía Rengifo, una mujer espectacular en todos los sentidos, era la primera vez que sentía perder el control con una mujer e incluso con una persona en general, estaba dispuesto a complacerla en todo, pero también estaba dispuesto a cuidarla de todos, lo mío es mío y no permito que nadie lo toque, ella ya estaba advertida por si se le ocurre enamorarse de otro hombre, me conocía aunque físicamente era guapo y hacía ejercicios dos veces al día mi interior estaba dañado, era un monstruo, ¿Quién se enamora de las bestias? Solo en los cuentos de hadas, en la vida real las personas me temen, les doy miedo y ella estaba seguro no era la excepción.
Hoy saque mi parte romántica y la invite a cenar, le pedí venir vestida de n***o, exclusivamente un vestido, que fuera sexy, aunque ella no necesitaba de un vestuario para verse espléndida, era una mujer perfecta, ella no lo sabía pero había sido escogida entre muchas para ser la señora de mi casa la madre de mis hijos, todo hombre desea eso, dicho por mi padre, prefería solo ser un desgraciado y no traer niños al mundo para maltratarlos y criarlos como leones enjaulados. Pero para los rusos es primordial tener una familia, puntualmente tener hijos si no son vistos en la sociedad como amanerados. Sofía era la indicada para ese papel, era inteligente, hermosa, audaz, y tenía esa ternura que solía recordar de mi madre.
Pase por ella a las 7:00 pm
—Estas preciosa— dándole un beso en los labios
—Me sorprende que vayamos a un restaurante odias los sitios públicos donde te vean masticar los alimentos —acariciando mi mano
—Pero sé que amas visitar restaurantes lujosos. Además tengo una fantasía y la cumpliremos hoy—mordiendo su hombro
—No tendré sexo en un sitio público
Sonreí, ella no sabía la noche que le tenía preparada. Antes de bajarnos en el restaurante le pedí a mi chofer y guardaespaldas que bajaran del auto, ella me miró intrigada, saque de mi bolsillo una caja aterciopelada
—He comprado un regalo para esta noche—entregándosela
Ella la abrió temerosa, se encontró un par de bolas chinas
— ¿Esto qué es? —pregunto intrigada
—Son bolas chinas. Ayudarán a aumentar el tono muscular del suelo pélvico así evitamos su deterioro—sonriendo
— ¿La usaremos esta noche? —pregunto inocente
—La usaremos ya—tome su muslo con fuerza haciendo que se recostara en el asiento alce su vestido mientras ella rogaba que no, aparte el sensual hilo dental de encajes negros que traía puesto y las introduje con rudeza en su v****a luego acerque mi cara y pase mi lengua desatando un suspiro en ella.
Bajamos y entramos. Había pedido una mesa lo bastante alejada me senté frente a ella quien tenía cara de evidente incomodidad, disfrutaba de su sufrimiento, ese pudor estúpido que sentían las mujeres por algo tan común como el sexo era excitante, sus manos pasaban temblorosas por su cuello, arreglaban sus cabellos. Saque del pequeño bolsillo de mi chaqueta el control de los siguientes minutos lo tenia en mis manos, abrió sus ojos como platos frente a mí, con su cabeza girando de un lado a otro y gritando NO en silencio. lo encendí, dio un salto en la silla y tapo su boca con las manos regalándome una sonrisa placentera, le hice seña al mesonero, había llegado la hora de pedir. Aquel hombre joven se acercó a nosotros, dirigiéndose a ella mientras anotaba en su libreta
—Ehhh—le puse un poco más de velocidad, y ella fingió una tos que me arrancó una carcajada malévola—una ensalada —hablando rápidamente—con pollo al vapor
El mesonero seguía en la mesa, yo no me decidía que pedir mientras ella se movía de un lado a otro en la silla, tarde unos 5 minutos en decidirme, él se retiró y ella me fulmino con la mirada
—¿Qué pasa cariño? ¿Me odias? —musite mientras tomaba un sorbo de agua
—¿se puede odiar y querer follar al mismo tiempo? —susurro mirando a los lados apenada
—¿Cómo te sientes? —dándole un poco más de velocidad
—Mmmm—cerrando sus ojos—necesito ir al baño
—No, recuerda que las reglas del juego las pongo yo. Si no el castigo será mucho peor
Ella se mordió el labio inferior con lujuria, echando la cabeza hacia atrás sonrió. Bajo la mesa sentí su pie inquieto rozando mi paquete sobre el pantalón, sonreí mientras su pie subía y bajaba lo tome con mi mano cuando sentí que se ponía dura.
—Esta noche es de placer para ti—apretando el botón de más velocidad
Su cuerpo se arqueo apretando el costado de la mesa muy fuerte y resoplando, ya su piel estaba húmeda por el fuego que la consumía susurro muy bajito
—Deseo que me folles amo muy duro tan duro que me destroces
Esas palabras detonaron dentro de mí, me levanté y la tome por el brazo saliendo del local directo a la camioneta le pedí al chofer llegar a casa en minutos ella me besaba apretaba mi m*****o tan fuerte como se le era posible le pedí al chofer y al guardaespaldas que bajaran del auto en mitad de una autopista oscura tras nosotros las otras tres camionetas blindadas que usaba con seguridad. Ella lo sacó desesperada su cuerpo hervía deseoso lo acercó a su boca robándome un gemido deje al descubiertos sus hermosas pompas y las azote fuertemente tome sus cabellos y profundizaba hasta su garganta, se sentía ahogada por el gran tamaño con el que había nacido saque las bolas e introduje mis dedos, tenía las entre piernas completamente húmedas la hale con fuerza y sin pensarlo la penetre, su cuerpo tembloroso saltaba sobre mí, con mis manos aceleraba los movimientos haciéndolos profundos y placenteros, sus gritos me volvían loco con sus uñas arañaba mi cuello mientras yo la azotaba fuertemente mordiendo su pecho, sus senos saltando al ritmo de sus agresivos movimientos golpeaban mi rostro. Ella experimentaba sensaciones alucinantes como las que vivía yo a su lado