Capítulo 11

2520 Palabras
POV: Mia Romano Hoy me toca terapia con Fernando pero no pude dormir toda la noche mis pensamientos me atormentaban sin dejar a un lado el dolor inmenso que tenía en mi muñeca, les pedí a mis padres que le avisaran que hoy no me sentía bien que solo quería seguir dormida, no quiero salir de mi habitación, mucho menos de mi cama las palabras que me dijo Sofia dolieron. POV: Fernando Farré Me dirijo a la casa del señor Romano, estoy muy ansioso ya que el padre de Mia me comentó que el día de hoy no habría terapia y ayer tampoco hubo, que ella estaba indispuesta porque no pasó buena noche y se lastimó su muñeca, lo cual me hace raro ya que Sofía estaba a su cuidado. Al entrar veo a Sofi salir del despacho del señor Raymundo, la cual se sorprende. —¿Qué haces aquí Fernando? Se te aviso que no vinieras —su ceño de Sofía estaba fruncido —A eso vine Sofí, quiero ver ¿Qué está pasando? —ella pone los ojos en blanco y se va al escuchar los pasos del señor Raymundo. —Muchacho, te hable por teléfono la terapia se suspende el día de hoy, mi pequeña no amaneció bien —veo su rostro cabizbajo —Señor, pero las terapias no se pueden interrumpir tan seguido, si queremos que tengamos avances. Ayer y hoy se suspendieron las terapias ¿Qué está pasando? —noto que él se sorprende de mi comentario y Sofía se pone nerviosa —además me quedé preocupado cuando me comentó que se lastimó su muñeca ¿Cómo se encuentra ella? —cuando está a punto de decirme algo suena su teléfono y se va a su despacho haciéndome una seña que lo espere, el cual asiento. Camino con Sofía al jardín —¿Por qué te preocupa tanto Fernando? Se te aviso que no vinieras ¿Por que estas aqui? —veo a una Sofia molesta —si recuerdas que por tu culpa estás aquí —Sofí ¿Qué pasó? Antier estaba muy emocionada tomando sus terapias y ahora me informa su papá que amaneció indispuesta, que no quiere salir de la cama, pasó una mala noche y con una fisura en su muñeca ¿Qué pasó ayer Sofi? —noto que ella está nerviosa —¡No lo sé Fernando!, —grita —ayer le ayudé en algunas cosas pero me trata horrible, no lo merezco. Vámonos de aquí —me tomó de la mano —esa escuincla no merece que la cuidemos —Sofí, no digas eso. Yo no me puedo ir de aquí. ¿Segura que no pasó nada? Sofí sabes que somos amigos, que te quiero como mi hermanita y puedes decirme lo que sea, voy a creer en ti. —Ya lo sé Fernando, pero esa escuincla es insoportable y ya te dije que no pasó nada, —noto como ella comienza a gritar, nerviosa —mejor daré las gracias y me iré de nuevo al hospital —Ok, te creo. Hablaré con el señor Raymundo —le doy un beso en la frente aunque no le creo nada y se que algo pasó aquí y lo averiguaré. Después de hablar con el señor Raymundo y despedirme de Sofía subo a su habitación de Mía, me encanta ese nombre y es perfecto para mi berrinchuda favorita, lo se estoy jodidamente enamorado de ella. Entró a la habitación despacio y observó que aún está acostada y dormida, me acerco sin hacer ruido parece un ángel hermoso, noto su rostro y me indica que algo no anda bien tiene un color rojizo suave, la toco y tiene temperatura alta así que la descubro, la cargo llevándola de forma inmediata al baño abriendo la regadera, ella balbucea mi nombre, no la puedo soltar así que me mojo con ella ahora está temblando de frío pero me aseguro que baje su temperatura. Comienza a abrir los ojos y se sorprende de lo que estoy haciendo. —¿Qué haces? —pregunta asustada pero me toma del cuello queriéndose cubrir su rostro sobre mi pecho —¡Tranquila! Tenias temperatura, estabas hirviendo ¿Cómo te sientes? —Con mucho frío, el agua está helada —la escucho hablar pero ella sigue escondiéndose sobre mi pecho —me siento cansada de todo —Ahora saldremos, necesito que tu temperatura baje —ella se me queda viendo con esos ojos de los que me enamore desde la primera vez que los vi. Apago la regadera y la siento en la silla de apoyo —Te sentaré aquí, agárrate de los tubos y voy por una toalla —veo como asiente y veo sus ojos color miel hinchados. De forma inmediata voy por la toalla y comienzo a secar su cabello —¿De donde puedo sacar ropa seca? no quiero que te resfríes —La puerta que está a lado encontraras mi closet —voy de forma inmediata, es de suponer que en esta casa había tremendos closets del tamaño de mi propia casa y como es chica caprichosa tendrá ropa hasta para tirar pero al entrar me extraña encontrar un closet vacío, tomó un conjunto deportivo, salgo en busca de ella, comienzo a quitarle la ropa para ponerle la seca. Al cambiarla observó su maravilloso cuerpo, lleno de dos que tres lunares en su espalda, las cicatrices que llaman mi atención, ella baja la mirada y su cara comienza a tornarse de color carmesí, me sorprende ver sus ojitos hinchados trataré de conversar con ella, no quiero que empeore por una depresión, ella me preocupa. POV: Mia Romano Me siento avergonzada por su manera de tratarme, de mirarme y me sorprendo de cómo estaba actuando como si estuviera preocupado por mi, si claro está preocupado de no perder el trabajo. —¿Está todo bien Mia? —¡NO!, tu maldita novia me tiro y me lastimo la muñeca que me duele horrores además me dijo mis verdades, asiento al final a él no le importa lo que me pase —¿Qué pasó ayer? —observa mi muñeca que traigo la férula que me pusieron —Me caí, quería ir al baño pero soy tan inútil que ni eso puedo hacer bien, dice… —me quedo callada no diré lo que paso con su novia porque obvio le va a creer a ella antes que a mi —¿Quién dice que eres inútil? Tu no lo eres Mía —me acaricia mi mejilla —eres una chica capaz de hacer varias cosas pero por todo este tiempo que no has ejercitado tu cuerpo, comes poco y no te cuidas es por eso que no tienes fuerzas, ¿Por qué no le hablaste a Sofía? —quiero decirle la verdad pero de nada servirá —Quería hacerlo yo sola pero te das cuenta que no puedo —termina de vestirme y me carga para acomodarme en la silla —¿A dónde vamos? Le pedí a mi padre que te hablara porque no me siento bien, no quiero tomar terapia. —Si, me avisaron que te sentías mal pero quise venir a verte, ¿me acompañas al jardín? Necesito secarme porque ahora el que muere de frío soy yo —su comentario me provoca risa y asiento —Hoy usaremos el elevador, no quiero mojarte de nuevo —No, me da miedo, siento que caeré. —Nunca dejaré que te caigas Mía, —ojala fuera para siempre —esta será la primera y última vez que lo usaras, ¿te parece? Siempre que bajemos al jardín te cargaré pero ahora se me complica —me regala una sonrisa. Mi padre se sorprende que esté abajo, solo veo su cara de sorpresa pero no dice nada, Fernando sigue empujando la silla hasta llegar a la mesa del jardín y poner el seguro de la silla, —Listo, señorita. ¿Quieres sentarte en la silla? —me pregunta estando muy atento a lo que hago —No, me quedo aquí, esas sillas no me gustan. —¿Por qué? Se ven que son muy cómodas —Por qué no puedo sostenerme hace tiempo yo estaba con mi padre celebrando un cumpleaños y mi padre me paso a esas silla, termine cayendo abriéndome la cabeza —bajo mi rostro es una vergüenza que le cuente al chico que me gusta que soy una tonta —Estoy a tu lado me asegurare que no caigas, ven —me toma en sus brazos y me pasa a la silla acomodando de manera correcta unos cojines y él se sienta en el césped —¡Listo! nada te pasara, ahora ¿Dime porque no quieres tomar terapia? ¿Soy muy malo? ¿Dormiste anoche? —comienzo a negar —No, no eres malo simplemente que no tiene caso que yo tome una terapia, conozco mi condición se que jamás me podré parar de esta silla ¿Para que seguir? Soy una carga para mi padre, para ti, soy un estorbo, es mejor que terminemos las terapias y pase lo que tenga que pasar —sus ojos se apagan de ese brillo con las palabras que mencione —no pude dormir anoche mis pensamientos fueron más fuertes como el dolor de mi muñeca —el toma mi muñeca, quita la férula y comienza a darle pequeños masajes. —Puedo preguntar ¿Por qué tienes esos pensamientos? Estas viva Mía, mucha gente hubiera deseado continuar aun no teniendo alguna extremidad o simplemente estar en una silla de ruedas, ellos hubieran disfrutado al máximo la oportunidad que ahora tienes y tu la desaprovechas, he visto gente que era muy activa y le encantaba andar de aquí para allá —noto que sus ojos comienzan a cristalizarse —pero ahora no tiene ni la oportunidad de poder salir porque tiene miedo de fracturarse los huesos —observó cómo su rostro comienza a tornarse triste y una lágrima sale limpiándose rápido. —¿Te pasa algo? —él niega —dime que pasa y yo te diré lo que realmente pasa conmigo. —Conoces —guarda silencio y saca el aire que tenía retenido —¿Qué es la osteoporosis? —afirmó con mi cabeza —sabes que esa enfermedad es muy delicada porque tus huesos comienzan a perder calcio y fuerzas, comienzan a debilitarse y doler —vuelvo afirmar con mi cabeza —con cualquier caída la persona se puede romper o fisurar algún hueso —vuelvo a decir que si con mi cabeza, observando su rostro que se torna triste —mi mamá, —suelta un suspiro —tiene esa enfermedad, ella era maestra de una escuela primaria, le encantaba jugar con los niños pero su enfermedad la tumbó en la cama para siempre, ¿Sabes, lo que desearía mi madre tener la condición que tu tienes? Salir a la calle y volver a ver a sus alumnos… —¿Por qué no lo hace? La podrías llevar aunque sea en una silla de ruedas —Porque su enfermedad ya está avanzada, sus huesos le duelen, ella llega usar silla de ruedas para ir al médico pero en cierto tiempo le duele muchos sus huesos por eso se la pasa acostada en su cama con oxígeno y medicamentos que le ayuden a controlar el dolor en ocasiones se siente bien pero hay otros días que o puede pararse de su cama, tu tienes vida Mía aprovecha al máximo —mis ojos se llenan de lágrimas nunca me imagine que había gente que la pasaba peor que yo y que me contará su historia me hace sentir la peor persona del mundo, me arrepiento por lo que le hice —¿ahora dime que pasa contigo? —Yo de pequeña quise ser bailarina de ballet, iba a mis clases y era muy feliz pero pasó lo del accidente, despertar después de un año de un coma del cual no pudieron salvar mi columna vertebral, me diagnosticaron que era parapléjica, los doctores decían que ya no podía continuar mi vida como lo hacía antes y ahora había una limitación, era que toda mi vida tenía que estar en una silla, mi mundo se cayó en ese momento Fernando. Además saber que mi madre murió en ese accidente, ya no quise continuar pero mi padre me obligó a seguir estudiando sin importarles que recibiera burlas de la gente porque no ser como ellos, después llegué a la preparatoria donde era el mismo caso, recibía burlas de ser una persona diferente, mi padre pensaba que yo exageraba porque mi tía le llenaba la cabeza diciendo que solo quería llamar la atención, es por eso que me encerré en esta casa y esa habitación, porque se que no tendré una vida como la de ustedes… —¿Te lastimaron? ¿Qué te hicieron? —tengo muchas dudas en contarle las cosas o mejor olvidarlas pero me extraña mucho su preocupación —Cuando estaba en la prepa se burlaron de mí, varios compañeros de mi salón se juntaron para burlarse, no quiero volver a repetir eso por eso me encerré en mi habitación. —¡Malditos! Mía, no todos somos iguales. El que estés en una silla no te limita a nada. Tú puedes hacer una vida normal como todos puedes bailar, viajar, hacer ejercicio, casarte, tener hijos puedes hacer de todo, no tienes porqué limitarte a encerrarte en tu habitación. —¿Casarme?, ¿Tener hijos? ¿Cómo los cuidare?, en primera ¿Quién se fijará en una parapléjica? Y cuando mis hijos crezcan no quiero ser una carga para ellos y mucho menos para mi pareja. —Mucha gente, no te limites Mía eres una chica muy linda hasta podrías ser modelo si tu lo quisieras y sobre tus hijos puedes cuidarlos, apoyarlos estas parapléjica no estás muerta —escuchar a Fernando que yo puedo hacer cosas en una silla de ruedas me motiva hacerlo —Tengo miedo de caer, de fallar y no hacerlo bien —como quisiera que él estuviera para siempre en mi vida, que su novia no existiera y se fijará en una parapléjica como yo —Gracias Fernando por hacerme ver que puedo hacer las cosas pero ya estoy muy grande para hacerlo, me siento cansada ¿Regresamos a mi habitación? —¿Grande? Estás todavía muy chica, yo tengo 29 años y apenas terminare mi carrera —nos reímos ante su comentario —mejor iré por la colchoneta y te daré un pequeño masaje para que puedas descansar ¿va? —sonrió —Está bien, tú ganas —me guiña el ojo y se pone de pie para ir por la colchoneta y sus instrumentos de ejercicio. Observo como se aleja a mi habitación y mi padre me ve de lejos solo sonrió y lo saludo con la mano, suspiro y volteo a ver el jardín antes me encantaba salir a jugar desde hace 17 años no salgo a admirar que sigue siendo un espacio muy tranquilo, observó la alberca, las flores, los juegos y escucho los pajaritos cantar —Listo, comencemos…
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