Dmitry Ivanov se olvidó del cuerpo de la bruja que se había sacrificado para llevarlo hasta Clarisa. Jamás olvidaría su traición y su posterior arrepentimiento, pero para él lo único importante ahora mismo era su mujer y su hijo. —¡Clarisa! —gritó al verla pálida como un papel. Su mirada se desvió al vaso sobre la mesa de centro, tenía sangre y pudo adivinar a quién pertenecía con solo recoger el aroma. —¿¡Qué ha pasado!? —preguntó con premura. —Estaba sedienta y no sabía qué hacer, intenté darle de mi propia sangre, pero no llegó siquiera a beberla cuando empezó vomitar —respondió asustada Sonya. Dmitry la cogió entre sus brazos y la llevó a su habitación, bajo la atenta mirada de todos los presentes. —¡Mi hija, porque ella! —gritó Maya al salir del shock inicial en el

