La ira corrió como pólvora por el cuerpo de Nicolay al ver a Sonya herida, su preciosa sangre derramada sobre el césped del jardín. Todo su ser pedía a gritos venganza por lo ocurrido. La tomó con cuidado entre sus brazos, para no herirla más de lo que ya estaba. —Maya está herida, ve por ella —susurró antes de volver a perder el conocimiento. —¡Busquen a Maya! —exclamó, aunque no había necesidad de ello. Todos los presentes contaban con un fino sentido de la audición. Stanislau se ocupó de ello, mientras Vladimir y Dmitry trataron de rastrear a sus parejas, pero no podían coger siquiera su aroma o comunicarse a través de su enlace. Algo o alguien estaba bloqueando sus intentos por llegar a ellas. —¡Maldita sea, se las llevaron! —Vladimir sentía enojo y miedo al mismo tiempo. M

