Sonya espero con desesperación, la respuesta de Nicolay. Tenía la seguridad de ya no ser humana. La sed quemaba cada rincón de su garganta y su cuerpo se sentía liviano, tan liviano como una pluma y su visión era mucho mejor, podía hasta el más pequeño de los ácaros en el ambiente y sus oídos podían escuchar lo que sucedía, en cada rincón de la casa. —¿Nicolay? —insistió. Nicolay sopesó su respuesta ¿Qué podía decirle? Mentirle no era una opción y de nada le serviría, la sed la consumiría en cualquier momento y tendría que alimentarla. —Lo siento, Sonya. Hubiese deseado no tener que llegar a este punto, no fue algo que decidiera con simpleza y facilidad. Te juro que lo hice, porque no había otra manera de salvarte la vida. Te he mordido, bebí de tu sangre y te alimenté con la m

