Prueba mis dedos

1275 Palabras
NISHA No podía mirar a Sandro a los ojos. Porque cada vez que lo hacía, recordaba lo que había pasado la noche anterior en el sótano. Mis mejillas se sonrojaron al recordarlo y tuve que apretar los muslos para minimizar el dolor. —¡Nisha!—, resonó la firme voz de Sandro en mis oídos. Me sobresalté, sin darme cuenta de que estaba tratando de llamar mi atención, ya que mi mente estaba en otra parte. Cuando me encontré con sus escalofriantes ojos azules, murmuré una disculpa. Todos los que estaban alrededor de la mesa de conferencias me miraban, esperando que respondiera a una pregunta que no había oído. Busqué la ayuda de Blake. Intentó articular la pregunta con los labios, pero no fui capaz de descifrar lo que decía. Aún sintiendo la pesada mirada de Sandro, confesé que no había oído la pregunta. Él apretó la mandíbula con irritación. Ni siquiera me hizo la pregunta. En su lugar, dijo: —Abre los maldit0s oídos y presta atención la próxima vez. —Ya te he pedido perdón—, murmuré. —No hace falta que seas tan idiota. Sus ojos ardían de ira mientras se pasaba la mano por la boca e inhalaba profundamente. —¡Salgan de la m4ldita habitación! ¡Ahora mismo! Todos se levantaron y salieron corriendo de la sala para evitar estar en la línea de fuego de su jefe cabreado. Yo también me levanté para irme, pero él negó con la cabeza y gruñó: —Tú no. Siéntate. Me volví a sentar, preguntándome si me iba a poner sobre sus rodillas y castigarme, o si me regañaría como a una niña otra vez. Me retorcí nerviosamente en mi asiento, la expectación empezaba a matarme. —¿Vas a castigarme?—, solté, sin tener ya paciencia para esperar y ver cuáles serían las consecuencias de llamarlo idiota delante de sus empleados. Los ojos de Sandro son desalmados, carecen de toda emoción. Algo a lo que ya me he acostumbrado. —Esa boca tuya te meterá en serios problemas algún día. ¿Qué esperaba de mí? En mi antiguo trabajo tenía que lidiar a diario con compañeros groseros. Ninguno de ellos era amable conmigo. Supongo que debería estar agradecida, ya que fue él quien hizo que los despidieran a todos. Pero no lo estoy. Porque, aparte de ser rico y tener su propia empresa, no es mejor que ellos. Y ya no puedo más. Se acabó el silencio. —¿Qué se supone que debo hacer? ¿Quedarme aquí sentada y aguantar mientras me tratas como a una niña? —¡Eso es exactamente lo que tienes que hacer!—, espetó. —¡Quédate ahí sentada y aguántate, j0der! Blake dio un paso adelante al darse cuenta de que había apretado los puños y se me habían llenado los ojos de lágrimas. —Sandro —lo reprendió—. Estás yendo demasiado lejos. He estado esforzándome mucho para caerle bien a Sandro. En un momento veo una sonrisa y al siguiente vuelve a ser un idiota sin corazón. No entiendo por qué no me da una oportunidad. Rápidamente me sequé la lágrima que rodaba por mi mejilla. Resoplando, me puse de pie. Estaba dolida. Él sabe lo mucho que lo quiero y, sin embargo, parece que no es capaz de ser un poco más amable conmigo. No lo entiendo. Nos deja quedarnos a mis hermanas y a mí en su casa, pero no se molesta en mostrarme ningún tipo de hospitalidad. Es frío, distante, terco y enfadado. Me arrodillo y le ofrezco mi cuerpo como un sacrificio y aún así no es suficiente. —¿Por qué siempre me tratas como una mi3rda?—. No puedo evitar que las lágrimas caigan por mi rostro mientras espero una respuesta a una pregunta que quizá nunca reciba. —¡Contéstame, maldit0 Sandro Herrera! —Baja la maldit4 voz—, gruñe. —Hablemos de esto en casa, ¿vale?—, sugiere Blake, tratando de desactivar la bomba que está a punto de estallar. Niego con la cabeza. —No, quiero una respuesta ahora. —¿Quieres saber por qué? ¡Te diré por qué! —Sandro, no lo hagas —advierte Blake. Sandro mira a su guardaespaldas antes de responder a mi pregunta. —Porque eres una mocosa, por eso. Tengo la sensación de que eso no es lo que iba a decirme, porque veo a Blake suspirar aliviado. —Siento haber venido sin permiso, señor. ¿Es eso lo que quiere oír?—, pregunto con tono sarcástico. Sus ojos se oscurecen. —Vuelve a usar ese tono de voz conmigo y te f0llaré la boca tan fuerte que no podrás tragar sin sentir el dolor que te causa mi p0lla. Mi lengua se desliza para humedecer mis labios secos. Me odio a mí misma por excitarme tanto con sus palabras. Especialmente ahora, cuando estoy tan enfadada con él. Tiene tal efecto en mi cuerpo que, por mucho que me enfade, siempre me excito en su presencia. Sandro se pone de pie y se alisa las ligeras arrugas de su traje con la palma de la mano. —Ahora, vuelve al trabajo. * El viaje de vuelta a la casa de Sandro es, por supuesto, silencioso. Así que, como soy una mocosa, abro las piernas. Tanto Blake como Sandro miran por el espejo retrovisor justo cuando mi mano se desliza lánguidamente entre mis muslos. Mi vestido se levanta ligeramente, dejando al descubierto unas braguitas rosas. Mi dedo medio roza la tela de algodón, arqueando mi espalda y dejando escapar un suave gemido de mis labios. Los ojos marrones de Blake se mueven rápidamente entre la carretera y el espejo, mientras que los ojos azules de Sandro permanecen fijos en mí. Deslizo el pie fuera del tacón alto y lo coloco sobre el hombro de Sandro para tener más acceso a mi v4gina. Apartando las bragas a un lado, deslizo mi dedo medio arriba y abajo entre las hendiduras de mi v4gina húmeda antes de introducirlo en su interior. Otro gemido se escapa de mis labios entreabiertos, y los sonidos lascivos de mi v4gina húmeda llenan mis oídos. —J0der—, gimo. —Estoy tan húmeda. El coche da un bandazo y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Arqueando la espalda, aumento mis movimientos y gimo aún más fuerte. Las yemas de mis dedos acarician sin descanso mi punto hasta que me corro sobre mi mano. —Blake...—, gimo sin aliento, mientras miro a los ojos enfurecidos de Sandro. Los músculos de su mandíbula se tensan. Sabía que no le gustaría. Por eso lo hice. Su nombre no merece estar en mi lengua mientras me doy placer hasta el orgasmo. Tendrá que ganárselo. Blake aparca el coche en la entrada, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y la respiración pesada y entrecortada. Quito el pie del hombro de Sandro, me desabrocho el cinturón de seguridad y me acerco al asiento delantero. Asegurándome de que Sandro me está mirando, agarro la cara de Blake y le meto los dedos en la boca. Él gime de satisfacción, chupando mis fluidos de mis dedos. Después de inclinarme para besar a Blake, me giro hacia Sandro y lo beso también. Capturo su labio inferior entre mis dientes, le doy un ligero tirón antes de apartarme para salir del coche. Le hago un gesto obsceno y le dedico una sonrisa de satisfacción, y me dirijo al interior. Si quiere seguir refiriéndose a mí como una mocosa, entonces le voy a demostrar lo mocosa que puedo llegar a ser.
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