BLAKE —¿Ya has vuelto? —preguntó Sandro, levantando la vista de su portátil para mirarme. Suspirando profundamente, me pasé los dedos por el pelo y me senté en una de las sillas de su oficina. —Estoy cachondo como un burro.— Empujando las caderas hacia delante para ajustar la dolorosa erecci0n en mis pantalones de chándal, solté otro suspiro de irritación. —Supongo que las cosas no han ido bien. —No, no han ido bien. Ella no va a estar preparada como tú quieres. No es de las que siguen órdenes. Pero, por otra parte, eso es lo que te gusta de ella. —Es cierto—, admitió. —Pero no en lo que respecta a esto. La incesante necesidad de Sandro de tener el control me cabrea. Tiene tanto miedo de perder el control que esperaría años para f0llarse a Nisha si fuera necesario. Pero si la hubier

