Hola de nuevo, Ismael. Tuve que hacer una pausa después de escribir los últimos párrafos. Necesitaba tiempo para pensar… y sí, también para hacerme una paja. Ahora ya estoy un poco más calmada; pero sé que mi calentura se va a incrementar cuando empiece a contarte lo que pasó con Gabriela, por eso escribo estas palabras totalmente desnuda. Como te adelanté la vez pasada, mientras escribía en estas páginas y te contaba la primera parte de mi aventura con mi mamá y Roberto, llegó mi hermana, quien había ido “al cine” con mi papá. Lo digo entre comillas porque nunca me creí que fueran a ver una película. Apenas los escuché llegar salí de la pieza, tan desnuda como estoy ahora, y sentí un calorcito muy peculiar cuando los ojos de mi papá se clavaron en mi concha. Lo dejé mirar e intenté ac

