Capitulo 8: El club Placer
Andrew.
Solté un suspiro, yo pensando en Hades y la profesora Pompis y mi novio Andrew llamándome, maldita sea.
—Hola amor. —dije al contestar.
—Hola amor —dijo Andrew—, ¿te interrumpo?
«Si, estaba muy ocupada pensando en el estúpido profesor que me tiene la mente revuelta».
«Cálmate nube, ¿pero qué pasa contigo?».
Tenía que dejar de pensar en Hades, pensé haberlo superado pero que estuviera con ella siendo amable solo tocó esa membrana en mí de celos fervientes que me hacia sentir al borde de explotar.
—No —dije simplemente—, estaba terminado unos trabajos para que no se me acumularan.
Lo peor que podía ocurrirte en la universidad era acumular trabajos para último momento.
—¿Quieres salir mas tarde? —preguntó Andrew.
¿Uh?
—¿A donde? —pregunté.
—A una fiesta —dijo—, bueno, no una fiesta, es el cumpleaños de uno de los del gym y vamos a ir al club Placer.
—¿Esa es una discoteca? —pregunté, creía haber escuchado de esa discoteca.
—Si. —dijo Andrew.
—Uhm, no lo se —dije, realmente era día de semana, mañana había clases muy temprano y lo que menos me apetecía era salir de mi casa con este estado de ánimo.
—Vamos —me incitó Andrew—, ¿harás algo mejor que estar conmigo?
«Pues comer palomitas de maíz mientras leo un libro».
Esa idea me parecía más tentadora que ir a una discoteca porque ni siquiera tenia ganas de festejar nada, usualmente ellos bebía solo cerveza y tan solo el olor me daba náuseas.
Aunque pensándolo mejor era mejor salir que quedarme en casa pensando en Hades toda la noche atormentándome con la idea de lo que hizo con la profesora Pompis cuando la montó en su camioneta y le hacia lo que me hizo a mi...
Pensar en que si tal vez era su nueva Conejita... No, Mártir él las llamaba Mártir.
—Uhm, si claro —murmuré.
—Pero no nos vamos a venir temprano —dijo Andrew.
Entrecerré los ojos.
—Andrew hay clases mañana. —dije como si se le hubiera olvidado.
—¿Cómo me llamaste? —dijo.
—Cariño —me corregí—, cariño hay clases mañana no me vendré tan tarde.
A él no le gustaba que lo llamara Andrew.
De verdad que algo que apreciaba eran las horas de sueño que pasaba y dormir 2 horas para ir a clases por estar en una discoteca toda la noche era lo que menos me provocaba.
—Vale cariño, nos vendremos temprano, yo me encargo de buscarte y traerte ¿va? —dijo Andrew.
No quería ir, pero tampoco quería negarme, es decir era mi novio y si me lo pedía era porque realmente queria que fuera...
...Y tampoco queria quedarme pensando en Hades, realmente.
—Va —dije, solo necesitaba olvidarlo, convencerme de que no me importaba como pensé que venía estado haciendo.
Al parecer me convencí de una mentira, porque cuando lo volví a ver, todo mi mundo se me desestabilizó.
Me vestí con un conjunto blanco que resaltaba mis curvas, un top que dejaba uno de mis hombros al descubierto y una falda con una abertura algo sexy en la pierna, unos deportivos cómodos por si me apetecía bailar, un maquillaje fresco pero a la vez llamativo, perfume y ya estaba lista.
Me miré en el espejo, sí, creo que arreglarme y sentirme hermosa me cambiaba el estado de animo.
Si tan solo Hades me viera ahora...
«Basta Nube, deja de pensar en él».
Andrew me vino a buscar en taxi y llegamos a la discoteca Placer, él también estaba guapo con su suéter color café, jeans rasgados y zapatos deportivos. Entramos a la discoteca agarrados de la mano y nos acercamos al grupo de chicos que eran amigos de Andrew, ya yo los conocía había compartido en otras oportunidades con ellos, no me caían del todo bien porque eran narcisistas y solo preocupados por su físico, también tenían novias muy hermosas y de buen cuerpo pero me veían de arriba a abajo y podía percibir la mala vibra de la envidia.
No entendía por qué realmente me tenían envidia si eran hermosísimas pero... suponía que era simplemente inseguridad.
Yo solo estaba sentada al lado de Andrew e intentaba sonreír y reírme ante algunas bromas que decían, la música que sonaba de Kendrick Lamar, SZA - All The Stars al menos me hacia despejarme un poco.
—¿Quieres un cóctel de fresas? —preguntó Andrew, ellos andaban bebiendo cervezas y yo realmente no quería de eso.
—Sí —dije—, sin mucho alcohol.
Tuve una mala experiencia en la ultima fiesta a la que fui, donde aun seguía dolida por Hades y bebí muchísimas botellas de cerveza y luego lo mezclé con tequila, ron y elementalmente todo lo que me encontraba, ese día vomité tanto que creí que moriría, y ya no podía oler la cerveza, el hecho de pensar en emborracharme me daba asco.
Había prometido no beber más, pero ya había pasado bastante tiempo, uno más no haría daño.
Trajeron mi cóctel de fresas y apenas bebí un sorbo me di cuenta de que sí tenía mucho vodka, pero no estaba mal, solo tenía que beberlo lento, en cambio Andrew estaba bebiendo como si no hubiera un mañana, cerveza tras cerveza, ya su risa se escuchaba muy alta, sus mejillas sonrojadas, sus ojos achinados, bueno, no solo Andrew, todos sus amigos estaba borrachos ya.
—Cariño —le dije tomándole el brazo cuando abrió otra cerveza— debes calmarte.
—No me digas cuanto puedo beber —soltó de mala manera; una manera que no me gustó, me eché hacia atrás mirándolo sorprendida, nunca me había hablado así.
Andrew pareció darse cuenta de lo que dijo y se rió un poco avergonzado.
—Perdón, perdón, es broma, es que estoy borracho —dijo y de repente se levantó—. Vente, bailemos.
Ni siquiera le había respondido cuando me tomó la mano y prácticamente me jaló con él a la pista de baile, todavía tenía el cóctel en mis manos, él comenzó a bailar y se tragó casi medio contenido de la botella.
Bueno, suponía que estaba bien que se divirtiera pero parecía no tener control con la bebida y era algo que no había notado nunca; él nunca se emborrachó antes frente a mí.
Me volteó para que bailara dándole la espalda y yo comencé a mover las caderas, podía sentirlo muy cerca de mí, elementalmente me estaba restregando la cremallera de mi culo. Me intenté distanciar un poco porque me incomodaba, pero él se siguió pegando a mí y su mano en mi cintura bajó a mi trasero, me separé volteándome hacia él algo enojada.
—Oye, ¿que te pasa? —dije, nunca se había propasado conmigo en intentar tocarme, apenas si nos habíamos besado, siempre me había respetado, no entendía que le estaba pasando.
—Lo siento no quise tocarte no fue mi intención —dijo Andrew acercándose a mí para que lo escuchara sobre la música, su aliento a cerveza me dio asco.
—Estas demasiado borracho Andrew —repliqué aun algo molesta—, no entiendo para que me trajiste aquí si solo ibas a emborracharte y actuar como borracho sin control.
No me sentía ni cómoda ni segura aquí con él.
—Ay ya, malhumorada... —dijo, su lengua se le enredaba— que me perturbas.
—Deja de beber y vámonos ¿bien? —dije.
Andrew me miró con desdén.
—Tú déjame en paz —dijo—, no eres mi mamá para prohibirme cosas.
Bueno, en eso tenía razón, pero no me gustaba verlo así.
—Soy tu amiga y me preocupo por ti —dije.
—Ese es tu puto problema —me gritó de repente alterado—, eres mi novia no mi amiga así que deja de tocarme los cojones, malhumorada.
Abrí la boca sorprendida de lo que me decía.
—Me voy a ir, Andrew —lo amenacé, realmente no estaba para aguantar a un borracho que dijera estupideces.
—Vete —dijo Andrew simplemente—, ni sé para que te traje, malhumorada.
Apreté los labios cuando se tomó el resto de la cerveza y se fue dejándome en mitad de la pista con la gente bailando alrededor.
Guao.
Increíble que Andrew eligiera el peor día para emborracharse y comportarse como todo un cretino.
Me había dejado sola.
Tomé una profunda respiración y me bebí el cóctel de fresa de un solo sorbo, sentía el vodka relajar mi sistema al menos estaba muy rico.
Ya solo me largaría de aquí.
Me voltee entre las personas que bailaban dejando la copa sobre una bandeja de un mesonero que pasaba y entonces me quedé congelada cuando en la distancia bajo las distintas luces de colores del club lo vi.
Él solo me miraba, como si tuviera una luz a su alrededor que lo hacia resaltar entre las personas o tal vez ante mis ojos siempre resaltaría, sus ojos dorados fijos en los míos.
Satanás.