Para verse el otro día, hicieron un grupo en w******p, que le servía para organizarse las tres y también para irse pasando datos o información sobre los lugares a los que querían ir, sobre transporte, alojamiento y comida. Por ahora era un proyecto, uno que querían que fuera real pero para ello, tenían que organizarse y conocerse mejor.
Tomaron la decisión de que iba a ser dentro de un mes por mensaje de texto. Calihue ni siquiera había avisado en su trabajo, por lo que debía hacerlo y esperar a que tuvieran tiempo para contratar a alguien nuevo.
Harlet y Dilara por la noche se quedaron hablando de cómo gestionaría el viaje en cuestión de dinero. Harlet tenía ahorros de un tiempo en que había empezado a tatuar y su familia tenía un nivel adquisitivo como para poder pasarle plata, sentía que era muy excesivo pedirle para un viaje que quería hacer pero no le quedaba otra opción que hacerlo. Por otro lado, Dilara no tenía la opción de pedirle el dinero suficiente a su familia para todo el viaje y charlando sobre ello, se les había ocurrido la idea de que podía vender ilustraciones a pedido por el mes que quedaba para el viaje. Subía dibujos a sus redes con frecuencia, así que creía que con un flayer podía vender las necesarias en un mes o incluso viajando, unas digitales. También pensaron en que podían hacer para vender durante el viaje, quizás fanzines o ilustraciones impresas. Sabían de artistas que así generaban ingresos, sus propios compañeros lo hacían en las vacaciones.
Después de la cena esa noche, Harlet habló con su madre sobre el viaje y se emocionó, preguntando a qué pueblos irían y que tenían planeado, cosa que ellas mucho no sabían. No tenía problema en darle el dinero para ello, a su vez en ese momento, Dilara se lo contó a su familia por teléfono y le dijeron lo que ya suponía que apenas podían darle de más para un viaje pero estaba bien para ella.
En la mañana del otro día, Dilara se despertó temprano para hacer un flayer para vender sus ilustraciones, mientras que Harlet dormía tierna y graciosamente con la boca abierta. Su novia castaña le dejó un beso en la mejilla y otro sobre los labios al verla.
Lentamente, fue abriendo los ojos por el contacto, le sonrió perezosamente. Dilara la miró con ternura.
—Buen día, bebé. —su voz se escuchaba ronca, sus palabras largas.
—Buen día —Le sonrió.
Se quedaron charlando en la cama, más tarde, Harlet fue a buscar café y algo para comer, que terminó siendo algunas frutas que había en la casa. Se quedaron el resto de la mañana viendo una serie que habían comenzado, La maldición de Bly Manor, que no les terminaba de atrapar del todo, continuaban viéndola para criticar la forma en la que contaban la historia y los recursos que tenía la serie para la ambientación del año. Pero todas sus críticas basadas en que Dilara había escuchado que la serie era de los años veinte, cuando en realidad era en los años ochenta y los del vestuarios no se habían equivocado. Harlet estuvo burlándose de ella durante el almuerzo, lo que le daba vergüenza a Dilara por estar frente a su familia.
Cuando terminaron de comer, salieron a caminar por el pueblo, deteniéndose a dibujar cosas que les interesan. Le mostró la escuela a la que fue, la casa de sus familiares y amigos. Hizo un pequeño tour del pueblo y los lugares que habitaba en su infancia.
Más llegando la noche, volvieron a casa para comer algo antes de salir con Calihue. Iban a juntarse en la plaza del pueblo a tomar una cerveza, le parecía muy bizarro a la morocha ir al bar donde trabajaba en su día franco e ir hasta otro pueblo era algo que estaba por fuera de sus posibilidades de esa noche. Había colectivos para ir pero para volver siendo más de noche se complicaba.
Calihue las pasó a buscar cerca de las ocho de la noche, de camino a la plaza, les contó que había pasado todo el día con su familia. Vivía con su madre y su hermanito menor, que era adolescente. Sus padres se habían separado cuando ella tenía dieciséis años, que fue cuando comenzó el proceso de ser trans; que al comienzo fue algo sumamente confuso para sus conocidos y ni hablar para ella, no sabía que quería o sentía, solo que se estaba identificando más con el cabello largo y ropa de mujer. Y que la gente opinará o la criticara en medio de ese proceso no ayudó.
—Me acuerdo —comenzó Harlet, hablando lento, como recordando. —que se hablaba de un maricón que comenzó a vestirse de mujer —hizó una mueca, soltando una risa seca después.—No te conocía, pero me parecían unos idiotas. Es lo malo de vivir en un pueblo, en la ciudad existe el mismo nivel de transfobia pero pasas más desapercibido.
Dilara hizo una mueca de disgusto, aunque no era de ese pueblo en particular, entendía de lo que hablaban. Lamentablemente el odio y la ignorancia habitan todos los lugares.
—Claro —exclamó Calihue con ímpetu. —Por eso decidí hacer el curso y viajar, te contratan rápido por la temporada y estaba en lugares diferentes, donde nadie me conocía. Y hasta ni sabían de mi identidad s****l.
—Me pasó lo mismo con ser lesbiana en el pueblo y me alivió el estudiar en la ciudad. —comentó Harlet.
La conversación terminó cuando llegaron a una despensa que estaba en frente de la plaza, donde fueron a comprar latas de cervezas. Cuando salieron, desde una esquina, eligieron sentarse debajo de un árbol.
—¿Creen que alguna debería llevar una compu al viaje? —Preguntó Dilara, mientras se sentaba en el césped, con sus piernas cruzadas.
Calihue se encogió de hombros. —Nunca necesité una.
—Creo que en algún lugar que visitemos, vamos a encontrar un buen paisaje para tener de fondo cuando queramos ver una película. —comentó Harlet en un tono divertido, se sentó contra el tronco del árbol.
Dilara giró a verla con el ceño fruncido y una sonrisa confusa.
—¿Ver una película?
—Sí, me parece un plan para agregar ver una película en la vereda.
Calihue soltó una carcajada, mientras acomodaba la falda que llevaba puesta antes de sentarse con las piernas estiradas, una encima de la otra.
—Me parece algo tranquilo y lindo para hacer cuando recién acabas de llegar a un lugar y estás cansada.
—Exacto, pero no tan cansada para ponernos un outfit que vaya con la temática.
Dilara se quejó en voz alta. —¿por qué con outfit?
—Ay —comenzó a quejarse Harlet.—No es tan difícil pensar un outfit
—No, —se encogió de hombros. —solo que me gusta ver películas en pijama.
Calihue sonrió con ternura a la escena. —Puede ser algo opcional, dependiendo las ganas con las que estemos ese día.
—Me parece. —opinó Dilara, asintiendo.
Harlet sacó su bitácora y una microfibra de una totem bag que llevaba con sus cosas.
—Voy a empezar a anotar así ya la vamos armando. —Comentó antes de destapar la microfibra, poniendo la tapa en su boca mientras. Frenó con el ceño fruncido y las miró. Escupió la tapa bruscamente tirándola al lado de su pierna, haciendo que Calihue soltara una risa. —¿Como es el nombre de la lista?
—¿Lista de cosas para hacer en pueblos costeros? —indagó Calihue, Dilara asintió, con un levantamiento de cejas.
—Conciso y claro, me gusta. —habló Harlet antes de ahora sí, comenzar a escribir la lista.
El título lo escribió en mayúscula remarcando para que quede en negrita en diferencia a la lista en sí, el primer punto fue el de la película, dibujó el dos y giró a mirarlas, elevando las cejas.
—No puede faltar salir a caminar, es la mejor forma de conocer un lugar, recorrerlo. —Comenzó Calihue y Harlet enseguida lo anotó.
—Yo creo que algo especial podríamos hacer en la playa, ¿quizás tomar vino de noche? —tiró Dilara.
—Me encanta —comentó Harlet antes de también anotarlo. —Y si está muy oscuro podríamos llevar velas.
Cuando pasó una hora y media, Harlet propuso que vayan a una casa que estaba hace años en construcción. Y como no era algo tan arriesgado y estúpido como pasar tiempo en un cementerio así que Dilara estuvo de acuerdo. Era la única que no había terminado su cerveza, así que la fue tomando en el camino, después de que pasaran a comprar otra para después.
Como todo en un pueblo queda cerca, no tardaron mucho en llegar. Tenía un enrejado de alambres de púa que les llegaba a las rodillas en altura. La construcción se veía avanzada, como si todas las habitaciones ya tuvieran sus paredes, no tenía puertas y había escombros alrededor de las escaleras de entrada, que consistía en tres escalones y la puerta de entrada. La calle estaba desierta, cuando llegaron a la casa, pasaron de largo dos chicos charlando pero más allá de ellos, no vieron más personas afuera. No había un problema si había gente tampoco, Calihue contó que era un lugar donde no te decían nada por entrar, a veces grupos de amigos iban a pasar el rato si la plaza les cansaba o estaba frío o llovía.
Era de dos pisos, Harlet se detuvo a dibujar la estructura rápidamente con microfibra, mientras Calihue y Dilara cruzaban el enrejado levantando las piernas y ayudándose. Harlet se unió a los segundos, cuando las chicas ya estaban en el que sería el living de la casa, era amplio y tenía un ventanal que daba a la esquina. Tenía algunos grafitis distribuidos en las paredes.
Después de ver la planta baja con atención, casi sin hablar más allá de comentarios sobre los dibujos que había en las paredes, pasaron a subir las escaleras caracol que había pasando el pasillo de la entrada.
—¿Qué pasó con la casa que quedó en construcción? —preguntó Dilara.
—Dicen que era una pareja que se casó y comenzó a construirla pero se terminó separando a los meses por lo que no avanzaron más. —Le contó Calihue, encogiéndose de hombros.
—Aunque hay otras versiones, —comenzó Harlet, comenzando a doblar para una de las habitaciones. —como que alguno fue asesinado, que él tenía otra familia en un pueblo cercano o que en realidad pertenecía a una familia adinerada del pueblo.
—Sí, es algo típico de adolescentes venir y contar historias de fantasmas acá. —soltó Calihue seguido de una risa suave.
Al fondo, sobre una pared, había manchas rojas que parecían accidentales.
—¿Eso es sangre? —preguntó Dilara, su voz sonó ligeramente aguda.
No podían ver su expresión por la poca luz que había pero sonaba asustada. Solo estaban siendo iluminadas por los faroles de la calle y la luna. Calihue prendió la linterna de su celular. Harlet se acercó y la tocó con sus dedos
—Yo diría que es pintura, —se encogió de hombros. —aparte es muy roja para ser sangre
Aunque no vieron si la expresión de Dilara cambió, se notaba más tranquila después de soltar un suspiro.
Pasaron al balcón, donde no se asomaron demasiado porque no tenía baranda y aunque era un primer piso, no tenían la intención de caer. Decidieron no subir a la terraza por haber tomado cerveza, aunque no estaban borrachas, temieron estar tambaleantes.
Cuando pasaron a la otra habitación, se escucharon ruidos de golpe cerca, como si fuera en el piso de abajo.
—¿No deberíamos irnos ya? —preguntó Dilara cuando ya se escucharon un par de sonidos raros. No tenía la voz aguda como antes pero si se notaba alterada.
—Si quieres sí —respondió Calihue.
Se volvieron por la escalera, Dilara quedó caminando en el medio, porque no quería ir ni adelante, ni atrás. No hablaron, la castaña parecía muy concentrada en querer salir del lugar.
Calihue fue la primera en salir, atravesando la verja, las esperaba en la vereda. Cuando Dilara atinó a levantar la pierna para pasar el alambrado, Harlet le apretó la cintura de golpe, murmurando un pequeño grito en su oído.
Dilara cruzó la verja tan bruscamente que terminó lastimándose una de sus piernas, cortandose con el alambre de púa. Gruñó un insulto a Harlet, ella bajó la cabeza, pidiendo perdón en voz baja.
No le sangró mucho la herida, por lo que no tardaron en comenzar a caminar a sus casas.
—Aunque terminó en un accidente —comenzó a hablar Calihue, desviando la mirada ligeramente hacia la pierna de Dilara, haciendo una mueca. —creo que deberíamos incluir en la lista de planes ir a un lugar abandonado o en construcción.
—¡Sí! —exclamó Harlet con emoción.
—Me sorprende que no lo haya dicho Harlet antes… —murmuró Dilara en respuesta, designada.
—Prometo y juro no volver a asustarte —casi susurró Harlet con la mirada hacia abajo y una sonrisa tímida.