Gema fue arrastrada como una ligera pluma hacia la impetuosa corriente que es su marido, sin que lo pueda detener. La única prenda que la cubría ha desaparecido, ahora la hermosa joven de piel oliva está sobre la cama desnuda mientras los labios de Oliver recorren por su abdomen y amenazan con invadir su entrepierna. Las ganas contenidas del arrogante joven no le han permitido deshacerse de su ropa. No entiende cómo ha perdido la razón y ha caído en los brazos de la pasión. La lluvia se intensifica y agrega fuertes ráfagas de vientos, como si fuera de ese cuarto estuviese el mundo bajo un torbellino. Aun así, los sonidos de la brisa chocando contra la ventana no logran ser tan ruidosos como para que Oliver no escuche los gritos de placer de Gema cuando pasa su lengua por su abertura. —¡

