Alexandra. El ambiente en la cocina era tenso. Enzo no sabía ni que decir, su boca se abría y ningún sonido salía de esta. —Bueeno, porque no seguimos desayunando, siéntate Enzo — ánimo Maryse, levantándose para servirle un plato a este. —No, creo que vendré más tarde— menciono, se acercó a mi y me entrego las flores— Estás son para ti, Lex— la mención de ese apodo hizo que Eros soltara un bufido molesto. Enzo había comenzado a llamarme así hace poco. Era incómodo para mí, porque el apodo era el que más usaba Eros cuando estábamos juntos. Enzo me miraba sonriente, y le sonreí de regreso. —Mejor no regreses nunca— sugirió Eros amargamente. —Eros...— reproche. Él, solo me ignoro. —Me alegra que hayas regresado bien— menciono Enzo hacia Eros. —Si claro— su tono sarcástico me moles

