Alexandra. Me había despertado tarde. Había corrido como loca por toda mi habitación, entre ducharme y vestirme, después baje corriendo las escaleras para preparar el desayuno. Dije que iba a madrugar para alimentar a mis hijos, y lo había hecho. Baje tropezando con mis tacones mientras me ponía el otro. —Demonios— brame mientras me tropezaba y agarraba de la pared. Unas manos se posaron en mi cintura. Mi cuerpo se tensó. —¿Estás bien?— pregunto Eros detrás de mi. Me recompuse después de lograr ponerme mis zapatos por completo. Lo mire, iba vestido con un pantalón de chándal gris cayendo sobre sus caderas y una camiseta blanca, llevaba el cabello desordenado, su voz estaba ronca, se veía que acababa de despertar. —Si, si estoy bien, es solo que ya es muy tarde y aún hay mucho tr

