Narrador. Alexandra no paraba de ver todo a su alrededor, las paredes gris claro y los adornos que no hacían ver el lugar ostentoso al contrario, lo hacía ver muy hogareño y relajado. Eros en cambio, miraba atento cada movimiento de la chica, cada curva y movimiento de su cabello, esa mujer lo volvía loco. La actitud de la chica hacia que se volviera loco, un rato le sonreía dulce y al otro le lanzaba una mirada llena de odio. No la entendía, y eso lo volvía loco. —¿Donde dormiré yo?— la pregunta lo saco de sus pensamientos y la miró fijo, le hizo un movimiento con la cabeza alentando a seguirlo. La chica lo siguió por el ancho y largo pasillo, iluminado por lámparas de luz blanca. Llegaron a una puerta color blanco y procedió a abrirla y cederle el paso a la mujer. Alexandra miró

