Alexandra. Había tomado un baño, mi cuerpo me lo agradeció al instante, mis músculos se relajaron, y me sentí como nueva. Me envolví en la toalla y salí sin mirarme al espejo. Aún no podía hacerlo, no podía ver las marcas en mi cuerpo, aún no. Salí a la habitación, en la cama, Eros se encontraba revisando su teléfono. Comencé a buscar mi pijama, la noche ya había caído, y seguíamos solos. Deje caer la toalla al suelo, y comencé a ponerme las bragas, lentamente. Podía sentir la mirada penetrante de Eros en mi trasero. No me importaba. —¿Que estás haciendo?— pregunto con voz ronca. Me volteé confundida, aún estaba sin sostén, y mis pechos grandes y redondos lo recibieron. Se relamia los labios deseoso. —Me estoy vistiendo— respondió y volví a hacer lo que estaba haciendo. Sentí

