capitulo 14

1305 Palabras
Carlos Eduardo no perdió tiempo en ordenar todo y prepararse para el próximo manuscrito. Se movia con tanta energía en el cuerpo, que se sentía incapaz de controlarlo. Luego se dirigió, a su compañera que estaba acostada en el camastro, y le explicó a Angi, que el profesor Robert los había llamado y le dijo que habían otros manuscritos que lo tenía otra chica. — En serio amor el profesor te dijo eso y ahora que piensas hacer. — Esperar que la muchacha le se el consentimiento para sacarle copias. — Guau amor estás pronto a descubrir dónde está localizado ese templo. — Si y con ese nuevo manuscrito nos acercaremos más aun. Nueva me imaginé por las circunstancias que mi padre tuvo que pasar, una vez enfermo y había provocado la cancelación de dos veces el viaje para este lugar. Y se prometió que no volvería a ocurrir, que nunca dejaría de investigar que hay en ese templo. — Una pregunta Carlos, tu padre llegó a ver el templo cuando estaba vivo. — Creo que no, o tal vez el día que murió. — Pero entonces todo es cierto con eso del templo. — Eso tenemos que ver, si esa chica le entrega esos manuscritos al profesor descubriremos algo. — Eso es emocionante, y interesante. — Oh Angi amor pronto sabremos que papá descubrió allí en la selva. — Y cuando me llevas allí a ese lugar. — Pronto amor. ki En un lugar del mundo un arquilogo famoso entraba en s vv cu despacho, realizó unas cuantas tareas y luego cruzó corriendo los pasillos hasta donde estaba aparcado su coche. No se hallaba lejos de la reunión que tenía, cuando se tropezó con Amina. — Hola, Profesor Messer. contenta de verle. — Hola. Amina más cuidado cuando camines, por poco no te llevo por el medio. — ¿Ha tenido clases hoy profesor? — No. Vine a investigar un poco en la biblioteca. Le mostró el libro para que lo leyera. — Templos perdidos. — Parece interesante y muy estimulante. — En realidad, me gusta leer este tipo de libro. Además prefiero acostarme con una novela romántica. Pero esto era lo más parecido que había en la biblioteca, así que... Se encogió de hombros y se echaron a reír los dos. — Espero que encuentre lo que quiere saber profesor sobre templo perdidos. Amina le dice al profesor Messer — Me detuve en su clase de manuscritos esta mañana, pero había sido cancelada. — Sí. — Pensé que quizá habría conseguido algo del manuscrito de... Amina hizo una pausa esperanzada. — Pero supongo que no lo trajo, verdad profesor Messer. — No. Se me olvidó completamente, estaba pendiente de otras cosas. — Últimamente tengo muchas cosas en la cabeza, tengo que viajar para Venezuela esta próxima semana, aunque pensándolo bien no quiere ir conmigo, sería muy beneficioso para ti Amina que estás investigando manuscrito de épocas coloniales. —Oh, sería grandioso, claro que sí profesor lo acompañaría. — Bueno vaya arreglando la visas y su pasaporte. — No quiero un problema ni nada por el estilo. «Vaya, maldita sea eso no va a pasar», pensó él. — Claro voy a arreglar todo lo que me dice. Me emociona la idea de viajar y ver un manuscrito que todavía no ha sido traducido. Quiero decir que no consta ni siquiera en los libros, en ningún sitio. Sería como estar en un secreto. Debe de ser emocionante. El intentó responder a sus palabra. Por un instante, le recordó sus propios tiempos en la universidad y cuánto le habían entusiasmado los manuscritos. Sus colegas especialistas en biología y matemáticas, le tomaban el pelo por sus intereses intelectuales. Hoy eran «emocionantes». — Bueno Amina nos veremos la semana que viene, recuerde arreglar todo, y pronto sabrá lo maravilloso que es una expedición. Caracas-Venzuela casa de Silvia Marín. — ¿Que? Dijo Silvia con el ceño fruncido. — Es una broma verdad. — Le diré qué vamos a hacer. Un periodista sacó una pequeña libreta de espiral de su bolsillo y apuntó algo en ella. — ¿No importaría que le haga unas cuantas preguntas? Le daré la oportunidad de decirme que es lo que sus padres, encontraron en la selva. — Como se atreve ha venir a mi casa, a preguntar esas cosa. — Pero es usted la hija de esos científicos muertos en el Amazona. — Largue sé de aquí, váyase o llamo a la policía. — Está bien pero sepa usted que, que hay muchas personas pendiente de todo sobre usted. Silvia le cerró la puerta en las narices y entró toda envenenada por lo que había dicho aquel periodista. Silvia fue al estudio se sentó y miro de nuevo aquel sobre, cuando de pronto escuchó de nuevo el timbre. dijo para su adentro, se levantó y volvió abrir la puerta. Pero no era el periodista, era la correspondencia, el hombre le entrego un sobre manila amarillo mucho más grande y pesaba. Ella se imagino que era de la agencia con su nueva revista. Al despedirse del hombre llevo el paquete al estudio y comenzó abrirlo. Se había quedado impactada al ver lo que había dentro era un objeto envuelto en un delicado papel de pergamino. — Por Dios, que es esto quien está enviándome cosas. Silvia tomo el teléfono y llamo a su tío que le hiciera el favor de llamar al profesor Robert, que le había llegado otro objeto extraño. Silvia estaba demasiado ansiosa y nerviosa. Al llegar el profesor Robert, Silvia lo deja pasar y lo llegó directo al estudió dónde estaba el nuevo sobre. — Es ese... — Si ese es algo nuevo. — No sabe quién te los envías. — No lo sé en verdad. Cuando el profesor abrió el sobre y desenvolver un nuevo manuscrito, pensó que le iba a dar algo. Se tomó un buen rato para traducirlo, y después dijo. — Lo que he traducido hasta ahora, me dice que es cierto, todo lo que está escrito aqui. — Y que es lo que está escrito. — Acérquese y le muestro. Silvia se le acercó y al ver el manuscrito y al verlo algo paso por sus pensamientos. Entonces le dijo. — ¿Le importa decirme que es lo que está escrito? — ¡Que si me importa! Claro Silvia le diré que dice. Silvia podía entenderlo. — Pero déjeme hacer un poco se café, lo necesitaremos — Claro... Claro... Mientras Silvia iba a la cocina hacer café, Robert estaba embelesado con ese nuevo manuscrito, en eso tomo su celular y llamo a Carlos. — No, no me importa en absoluto viajar con todo esto que me ha. enseñado, con el manuscrito que te dejo tu padre y estos dos más y aparte día objetos lo tenemos todos. ¿Y cuando vienes? — La chica es una modelo, al parecer la agencia, tendrá un producción en el Amazona como en dos o tres semanas más o menos, podría aprovechar ese momento. — Bueno pues profesor lo esperaré y muchas gracias por la información. — De nada. Buenas Tardes Carlos. Robert se alegró de llamar a su pupilo y volvió a la lectura del manuscrito. Silvia era una joven muy hermosa, cuando el profesor la miro con atención. En ese momento, a Silvia le resultaba un poco difícil de creer lo que le estaba pasando. Tal vez era el recuerdo de sus padres. — Ya sabe lo que dice profesor. Llevaba en una bandeja el café con unas pastas deliciosas. Cuando su tío llegó después al apartamento, comprobó que el profesor había llego primero. Silvia hubiera dicho: «Llegastes tarde», pero todo lo podía hacer Ben era murmurar: «Maldita sea, maldita sea, maldita sea». Mientras tocaba el timbre, pensaba en las cosas que le habían pasado a su sobrina.
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