El viejo arqueólogo le costaba mucho creer lo que sus ojos veían, le dijo a los dos en frases breves que la noticia de ese descubrimiento se había vuelto la obsesión de otro colega de el que lo llevo a la muerte, noticia que en esos día era muy llamativo lo ocurrido. Hablaba de que había desenterrado objetos de un templo en medio de la selva, y el manuscritos que le habían llevado lo conformaba y ritmo frenético de su amigo que corría arriba y abajo entre la selva y la excavación. Recordó un comentario de algunos compañeros. «Lamentamos muchísimo ver el manuscrito de este otro dañado. Y al ver todos que, a causa de los años cuando lo sacaron uno de esos manuscrito había quedado reducido a un montón de cenizas, todos ellos sabían sin ninguna duda de que la maldición de la Diosa había

