capítulo 12

1569 Palabras
El viejo arqueólogo le costaba mucho creer lo que sus ojos veían, le dijo a los dos en frases breves que la noticia de ese descubrimiento se había vuelto la obsesión de otro colega de el que lo llevo a la muerte, noticia que en esos día era muy llamativo lo ocurrido. Hablaba de que había desenterrado objetos de un templo en medio de la selva, y el manuscritos que le habían llevado lo conformaba y ritmo frenético de su amigo que corría arriba y abajo entre la selva y la excavación. Recordó un comentario de algunos compañeros. «Lamentamos muchísimo ver el manuscrito de este otro dañado. Y al ver todos que, a causa de los años cuando lo sacaron uno de esos manuscrito había quedado reducido a un montón de cenizas, todos ellos sabían sin ninguna duda de que la maldición de la Diosa había caído sobre ellos». Silvia se sonrió irónicamente ante esto último. Pocas las personas, que tomarían la maldición como algo real y había provocado un gran escándalo. El viejo profesor se levantó del sillón y fue a buscar sus lentes para ver mejor la daga. — Dámela muchacha ponla aquí. — Está bien profesor. Mirando a su tío y el le hizo señas con la cara que lo hiciera. — ¡Mirad lo que hicieron, es una daga muy hermosa, vamos a ver qué dice. > — ¡Vaya con la maldición de esta mujer! Y qué pasará después Profesor. — Bueno... De este modo todo el mundo sabrá, quien escribió este manuscrito, y una vez se filtre esa información, no volverá a tener paz la mujer que descansa en ese templo. Silvia se detuvo a imaginar el titular: «MANUSCRITO DE UN TEMPLO PERDIDO DE HALLADO EN EL AMAZONA». Sería suficiente para causar una conmoción en el mundo entero. Por fin, el profesor consiguió quitar algo de la daga y extrajo delicadamente un poco de polvo dorado. Y al limpiar la zona apareció un número que había sido anotado en la daga en la parte superior de cada lado indicado una secuencia. Venían en el orden en que debían leerse. Una vez colocada sobre la superficie de la mesa el profesor bajo su lámpara de alta intensidad, resultó ser que la daga, la habían restaurado en un tiempo. El profesor reconoció inmediatamente una escritura en la parte la las hoja. — Silvia quien te dió este objeto. — La daga vino con este sobre, aquí están estas hojas no sé que significa. Cuando saco el sobre y saco los manuscritos, la sopresa al verlos se puso blanco, sorprendido todo era verdad, lo que decían sus colegas. — Que pasa profesor, está bien. — ¡Oh sí... siii estoy bien. — ¡Bueno Profesor dígame! que significa. Murmuró Silvia, su tío atónito le dice al profesor. — ¿cuándo dejará de sorprenderse? El dejó la lupa a un lado y se dio un masaje en las sienes. Un ligero dolor de cabeza comenzaba a cobrar forma y sabía que era debido a la tensión y emoción crecientes. — ¿Que le ocurre profesor, está ustedes bien? El profesor se acercó al manuscrito y lo releyó incrédulo el primer párrafo. Sus implicaciones eran asombrosas. Que la persona que le había dado a esa joven, ese objeto y esos manuscrito era el mayor regalo para la humanidad. Era el hecho de que aquella maldicia y ese templo escondido en la selva, era algo real. Eso no se comparaba con otros manuscritos en el mundo y menos de museos en los que estaban. Para su confesión, el viejo había confirmado el título oficial de la Diosa del templo y sus años en comparación con los de Egipto. También se revelaba que había una leyenda que hablaba de ello,el profesor como un hombre de mundo, culto y hasta erudito, aunque no creyendo de cosas así. ¿Era posible? El profesor se limpió distraídamente las gafas con el faldón de su camisa. ¿Podía un hombre como el tan mundano como éste escapar a la influencia de esas habladurías?. El profesor se quedó repentinamente helado. Mientras sus ojos recorrían las líneas que había traducido, asegurándose de que todo era verdad. Eso significaría que en el manuscrito estaba la fecha y la zona donde estaba que estaba la cámara moratoria de la mujer. El profesor sintió aumentar su dolor de cabeza. — ¡Este manuscrito data de muchos siglos!. Musitó. — ¡Tiene que ver esto! Sin saber por qué, esta revelación había de tener tal impacto en Silvia por que ella se retiró de su mesa y deambuló por todo el salón. Se zambulló en el sillón. Luego, cerró los ojos para tratar de que no, cediera un recuerdo a sus pensamientos. De pronto, un Silvia se encontró con una joven adolescente, en lugar de ella misma, lo cambiaba todo por alguna razón desconocida. Desde el principio, Silvia había imaginado a un hombre de barba gris esforzándose con manos artríticas sobre su preciosa daga. Parecía sencillamente apropiado aquella imagen que le hacía recordar a su abuelo, pero porque aquella joven en sus pensamientos quien era. Para ella era como una pesadilla despierta. Pero, al parecer, Silvia era en realidad no dejaba de pensar en lo que le estaba pasando, por alguna misteriosa razón le trajo aquello que le enviaron al profesor, a confiar en el profesor confiaba la historia de su propia vida. ¿Por qué se imaginaba morir entonces? Se había imaginado eso o era realidad, pero algo en sus pensamientos le decía, que había vivido algo y en el lecho de su muerte. Esto era totalmente distinto. ¿Cómo sabe una mujer que va a morir? En un impulso, Silvia regresó a la mesa y volvió a sentarse frente al profesor. Este estudió cada palabra y cada letra. No, no había duda alguna al respecto. el profesor había descubierto algo importante. Sin un momento de vacilación, el profesor procedió a traducir el resto de las primeras páginas. — Mi amada, mi tesoro, descansa en su tumba, dónde no será perturbada. Hay de aquel que la profane porque será maldito. Éste era el fin del primer fragmento, así el profesor comprobó de nuevo su traducción, devolvió el manuscrito al sobre y devolvió la daga a Silvia. Cuando el profesor estaba a punto de empezar a decirles algo, sonó el teléfono de Silvia. — ¡Maldita sea!. Exclamó, dejando violentamente todo en la mesa. — Silvia, cariño. le llegó la voz de perla. — He estado esperando a que me llamaras, para saber que paso saliste tan deprisa que no te me dió tiempo para decirte, que alguien de Inglaterra llamo, le di tu número. — Que te dijeron, antes de diera mi número. — Que si recibiste el sobre y que hay otro sobre que llegara más tarde. Que es todo un manuscrito en cuatro segmentos. Siento no haber tenido ocasión de llamar antes. — Discúlpame amiga ¿Teníamos una cita? Mientras ella hablaba, los ojos de Silvia seguían clavados en la primera palabra que el profesor tradujo: «Mi amada, mi tesoro». —¿Una cita? Vamos, Silvia recuerda que tenemos que reunirnos con los fotógrafos de la campaña. — No puedo, ahorita Perla. Estoy ocupada con algo. — Lo siento de verdad, pero esto es importante para nosotras. — Y de verdad lo siento. Por un breve segundo, Silvia dudó en abandonar los manuscritos durante un rato y relajarse dejar a su tío y al profesor en eso. El sonido de su voz le llegaba con un delicioso atractivo. — Te echo de menos, mi amor. Dijo una voz a ella suavemente. Silvia se sobresalto, y colgó el teléfono dejando a su amiga en el aire. — De verdad, profesor, no puedo creer todo esto. — ¿Y qué no vas a creer que en verdad existe ese templo y una diosa dentro de el? Le decía el profesor a Ben. — Dígame profesor Robert dígame qué es todo esto. — Una verdad escondida en la selva, pero siempre eso se dió de locos, que no existía. — A pero está leyendo algo real, no cree. Le había dicho Silvia, con gran interés. — Quisiera saber que tiene que ver conmigo, esto. El profesor Robert dudo un momento luego añadió. — Tiene que ver mucho, tus padres también siguieron estudiando, este templo en sus notas se hablaba de ello, pero después desaparecieron. — Desaparecieron. Dijo con ironía Silvia. — Vamos sobrina, mi hermano nunca dejo algo escrito solo notas. — Notas y yo estuve allí, dentro y alguien me saco de allí. Estaba dentro de esa cámara moratoria como se llame, mis ojos vieron. Cuando un zumbido, la dejo en trance ya no estaba en la oficina de la universidad, estaba allí en el templo llorando, caminando no quería estar sola, estaba asustada. Solo escuchaba un silencio, cuando algo llamo su atención y miro a una gran puerta, dónde había salido una gran luz amarilla. Cuando entro en ella vio que estaba llena de piedras preciosas y una mujer hermosa que le señalaba un lugar en específico, ella se acercó y un polvo dorado la cubrió por completo. Aquella mujer solo le sonrió y después desapareció en una tenue luz clara. Su tío al verla como estaba la llama suavemente. — Silvia... Silvia... Ella de pronto escuchó una voz conocida, cuando seguía la luz ella,. regreso al presente.
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