Silvia abrió los ojos y sintió, que todavía llevaba en su corazón aquella herida de la infancia. Los reproches y críticas de sus conocidos, le habían dañado la imagen que tenía de ella misma y un profundo dolor atenazaba su corazón. Le preocupaba todo aquello que había pasado en el ritual, aquel hombre que tanto anhelaba volver a ver, estaba recordando cosas raras y extraña para ella su vida estaba en un laberinto y no encontraba ninguna salida. — Estás bien Silvia, me asustaste con eso que pasó en el patio. — Ahora las pesadillas no son sueños, si no reales, ese hombre es de verdad y fue algo extraño. — ¡Ay por Dios que tan diferente! Bueno todo se acabó con ese trueno y un grito espeluznante, algo diferente. — No... se que pasa ahora, no se mi abuelo me dijo cosas extrañas está noche

