El resto del tiempo que permanecemos en la fiesta hasta que volvemos a casa lo paso prácticamente en silencio. Se me han ido las ganas de hablar, incluso el ligero mareo que me había producido el champán se ha esfumado de golpe, pese a que Alessandro me cuenta que William y Margaret son unas personas extraordinarias, que lo tratan casi como a un hijo y que se podría decir que lo es, por lo menos laboralmente hablando, porque William Johnson, que tiene una empresa farmacéutica, le ha enseñado muchas de las cosas que le han ayudado a convertirse en uno de los empresarios más poderosos e influyentes del país. Y no dudo de ello ni un instante, porque los señores Johnson me han caído genial el rato que he disfrutado de su compañía. Alessandro abre la puerta y se echa a un lado para dejarme pas

