Gabriel
Por poco y me atoro con el pedazo de carne que había llevado a mi boca, bueno si, la señorita Eva pidió un rico y nutritivo almuerzo así que porque pensarlo tanto, moría de hambre.
Sentí como toda la sangre subía por todo mi cuerpo hasta llegar a mi cabeza al ver cómo aquel hombre tomaba del brazo a la señorita Eva.
Dejé el plato a un lado y me paré de inmediato y fui a su rescate, no puedo permitir que nadie la maltrate.
—¡El Señor es tan amable de soltar a la señorita! —dije tocando el hombro de aquel hombre.
El hombre se giró a verme con cara de pocos amigos. Aún así yo puse mi peor mirada, debía verme malo, incluso más malo que él.
—¡Largo! Este es un asunto entre mi novia y yo, no se meta dónde no lo llaman —dijo aquel hombre.
Mire a la señorita Eva quien abrió sus ojos de par en par, le hice un ademán para que mantuviera la calma, yo solucionaré todo, después de todo yo soy quien debe velar por su seguridad, no me perdonaría si algo malo le llegase a pasar.
—Señor por favor, la señorita parece que ya se va, así que por favor seré muy condescendiente con usted, así que le pido que se vaya y la deje en paz —dije firmemente.
—¡Ya escucho a mi guardaespaldas, suélteme y váyase si quiere que él le perdone la vida! —dijo la señorita Eva.
¡Qué!, ¿Cuándo dije que lo mataría? El hombre soltó a la señorita Eva, se giró y me tomó de la camisa, a decir verdad no recuerdo haber escogido a este enorme hombre, no entiendo por qué está aquí.
—¿Así que me va a matar? —dijo aquel hombre. Sus ojos estaban rojos, una vena enorme había brotado de su frente, y ni decir de las venas de sus manos, parecían cuerdas en vueltas en sus manos, “joder, ahora sí estoy muerto”.
—Creo que la señorita no se ha explicado bien, podemos arreglar esto como hombres que somos —dije, por supuesto que no me iba a intimidar, también soy alto, hago ejercicio, por favor… no por nada mido 1.80 cm.
—Así que quiere arreglar esto como hombres, ¡Está bien! Vamos afuera y lo arreglamos como verdaderos hombres —dijo soltándome de la camisa y empujándome contra la mesa.
—Está bien, vamos afuera, no quiero arruinar este hermoso restaurante —dije mirando el lugar, afortunadamente no habían muchos comensales, yo me había encargado de reservar prácticamente la mitad del restaurante.
Caminé hacia la salida con la señorita Eva quien iba pegada detrás de mí, parecía un conejo, un conejo al cuál lo tienen totalmente acorralado.
Al salir a la calle la nieve caía como arroz, adicional que el frío era infernal, aún así caminamos hasta donde aquel hombre nos indicó.
—¡Ahora sí! ¡Vamos a arreglar esto como verdaderos hombres! —dijo aquel hombre arremangando su saco, trague saliva al ver sus enormes brazos, ¿Acaso este hombre levanta pesas?, si es así no me va a intimidar, yo puedo, claro que puedo, por supuesto que puedo.
—¡Gabriel! —dijo la señorita Eva llamando mi atención—. Por favor tenga mucho cuidado —dijo ella.
—Tranquila señorita yo arreglo este desastre —dije firmemente.
—¡Gabriel! —Me gire. —Tenga cuidado ese hombre es un asesino en serie —dijo ella realmente aterrada, moví mi cabeza en negación, creo que la señorita Eva ve mucha película de acción, definitivamente si.
Me giré y puse mi mirada en el enorme hombre que venía justo hacia mí, lanzándome su mejor golpe debajo de mi mandíbula, el cuál me llevó casi dos metros al aire.
Caí sobre la suave, fría y cálida nieve, con mi cabeza apunto de explotar por el golpe que me dio ese hombre, “JODER, AHORA SI ESTOY MUERTO”
—¡Gabriel! —escuche a los lejos la dulce y melodiosa voz de la señorita Eva, mi motivación para acabar con ese hombre, o mejor dicho para colocarme de pie.
Saqué fuerzas de dónde nos las tenía, me puse de pie, sobe mi mandíbula y me puse de pie, aquí es donde creo que me servirán todas las películas de acción que vi junto a mi padre me servirán… Jean Claude Van Damme, Bruce Lee, Steven Sigal, aquí voy.
Doble las mangas de mi camisa y caminé hacia él. La sonrisa de ese hombre era igual o más grande que su cuerpo, la ira me consumió por completo y antes que él me lanzará su nuevo golpe y me tomara desprevenido le lance mi mejor patada, la cual di justo al medio de su entrepierna.
—¡Si, si vamos Gabriel! —Me giré y vi como la señorita Eva saltaba como si acabara de ganar la tercera guerra mundial, sonreí, al menos tengo a la animadora más hermosa que haya visto en mi vida.
—¡Te voy a matar maldito desgraciado! —dijo aquel hombre quien hace unos segundos se retorcía de dolor, pero ahora está parado justo enfrente de mí y lo peor me va a matar.
—¡Así que los señores están arruinando la paz y la tranquilidad de este lugar!. —Nos giramos al escuchar una voz detrás de nosotros y vi como una patrulla de la policía estaba estacionada justo detrás de nosotros, de la cual bajaron dos oficiales de la policía.
—Señor agente, todo esto tiene una explicación, una muy buena explicación —dijo la señorita Eva.
—Oficial, aquí este hombre y está mujer me querían robar, yo solo me estaba defendiendo —dijo aquel hombre.
—¡Qué!, está usted loco, usted quería matar a mi guardaespaldas —exclamó la señorita Eva.
—Señor oficial, lo que está diciendo ese hombre no es cierto, verá, mi jefa tenía una cita con el caballero, y él quiso propasarse con ella, y yo solo trataba de defenderla —dije firmemente, acomodé mi camisa y caminé hacia donde estaban los dos oficiales.
—Entonces tenemos aquí a un trío de locos, a un defensor, a un mentiroso, y una loca, ¡Súbanlos a la patrulla! haber si se calman y dejan el escándalo en vía pública —exclamó uno de los oficiales.
—¡Qué!, no señor oficial, usted no puede subirnos a la patrulla, yo soy dueña del conglomerado Johnson & asociados, yo soy una mujer muy importante —exclamó la señorita Eva tratando de hacer entrar en razón a los oficiales, aunque creo que no va funcionar.
—Si claro, y yo soy Santa Claus, ¡Subanlos a la patrulla! —gritó el oficial.
Llevé las manos a mi cabeza y rasqué, este día no podría salir peor. Debo hacer algo, no puedo permitir que la señorita Eva pise una celda.
—¡Señor oficial!, le pido que si ha de llevar a alguien sea solo a mi, y por supuesto al caballero aquí a mi lado, a la señorita no, por favor, lo que ella acaba de decir es verdad, ella es la dueña del conglomerado Johnson & asociados —dije firmemente.
—Claro que no, es una orden, Subanlos a la patrulla…
Negué en repetidas veces, solo espero que esto no pase a mayores, ya es suficiente con el desastroso día que ha tenido que pasar la señorita Eva por mi culpa.
—¡Si me va subir a esa patrulla iré a delante, o en mi auto, ni loca me voy con ese hombre!, que a propósito oficial debería encerrarlo por un tiempo, ese hombre es un asesino en serie —susurró la señorita Eva al oído del oficial, quien se giró y negó repetidas veces.
—No irá en ningún auto, y mucho menos irá adelante con mis oficiales, irá como todos los detenidos, ¡ATRÁS!...
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