La cueva está húmeda, ubicaba justo bajo la capilla real donde se encontraba el panteón de la familia monarquía Radost, en ella, las temperaturas son bajas, lo suficiente para hacer a Amarü temblar, mismas temperaturas que junto a algunas técnicas ayudaban conservar el cuerpo de Layla que descansaba tapada por una sábana blanca y la tiara sobre sus cabellos, dentro de la urna. Amarü se acerca y toca el cristal con delicadeza, como si de otra forma este pudiera quebrarse y hacerle daño, mientras intentaba tranquilizarse y no lanzarse a llorar a viva voz. —Dios, incluso ahora te ves tan hermosa—susurra, con la garganta apretada—Las diosas como tú nunca podrían verse de otra forma, ¿verdad?—pregunta y hace una pausa como si Layla fuera a contestar sus dudas—Layla, yo...—respiró como si todo

