CAPÍTULO XXXI:

1827 Palabras

La cueva está húmeda, ubicaba justo bajo la capilla real donde se encontraba el panteón de la familia monarquía Radost, en ella, las temperaturas son bajas, lo suficiente para hacer a Amarü temblar, mismas temperaturas que junto a algunas técnicas ayudaban conservar el cuerpo de Layla que descansaba tapada por una sábana blanca y la tiara sobre sus cabellos, dentro de la urna. Amarü se acerca y toca el cristal con delicadeza, como si de otra forma este pudiera quebrarse y hacerle daño, mientras intentaba tranquilizarse y no lanzarse a llorar a viva voz. —Dios, incluso ahora te ves tan hermosa—susurra, con la garganta apretada—Las diosas como tú nunca podrían verse de otra forma, ¿verdad?—pregunta y hace una pausa como si Layla fuera a contestar sus dudas—Layla, yo...—respiró como si todo

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