—Hermano—el de ojos grises lo observó⎯Se te han abierto las puertas del infierno, y el diablo resultó ser una hermosa mujer negra, con un carácter del demonio⎯el mayor gruñó algo intangible a la vez que tomaba una manzana roja y vistosa de la mesilla a su lado y la lanzaba hacia el menor, los hermoso ojos verdes de Brian destilaban diversión y algo de inocencia que debería haber muerto hace mucho y que sin embargo aún seguía ahí, aferrándose a su dueño.
⎯Ni siquiera me lo recuerdes, no hay que ser muy inteligente para saber que esa mujer me traerá muchos problemas⎯maldijo por lo bajo pasándose una mano por el rostro, todo era una mierda.
El reino de Anskar era lo que podría decir la definición de buena casta y estirpe, si bien la pobreza extrema en parte de la población era un problema que persistía y que la corona no tenía intenciones de erradicar, socialmente todos eran, como explicarlo de forma simple:
Política y moralmente correctos, sí, eso.
Las mujeres eran sumisas y delicadas, incluso soportaban conductas desagradables con la cabeza gacha y en silencio, todos sin excepción alguna practicaban la cristiandad, no había otro dios que el de los cielos, otro mesías que Jesús y ninguna virgen más que María, su cultura se resumía a la delicada pintura, el toque sutil del arpa, guitarra, flauta y demás, sus bailes se resumen en desplazarse de un lado a otro moviendo las manos en danzas de pasos elaborados con saludos simples y un pueblo con una dependencia de la opinión social demasiado insana, esa era Anskar, un reino que era todo lo contrario a Aritz.
⎯No puede ser tan malo⎯dijo Brian⎯Quizás no es lo que esperabas, bueno...⎯meneó la cabeza con una risa llena de gracia⎯Lo que nadie esperaba, pero es hermosa y seguro cuando la llegues a conocer se llevan bien.
Nicholas elevó la ceja acomodándose en la silla, mirando fijamente a su hermano, apretando la mandíbula.
⎯¿Qué parte de problemas no entendiste?⎯el ojiverde resopló.
⎯Por favor Nik ¿qué es lo peor que puede pasar?⎯preguntó⎯solo tienen que intentar, mantener una vida matrimonial decente y respetarse.
⎯¿Respetarnos?⎯inquirió incrédulo.
⎯Ya sabes, fidelidad y toda la palabrería que abarca un compromiso matrimonial ante los ojos de dios.
⎯Tu simplemente has perdido la mente por completo⎯soltó escandalizado.
⎯¿Por qué piensa eso, príncipe Nicholas?⎯entró una tercera voz en la conversación, ambos girando sutilmente ante la dura mirada de unos oscuros y femeninos orbes.
Ambos hombres voltearon a ver a una Amarü con expresión seria, envuelta entre las telas azules de un vestido largo hasta el suelo, entallado, de tirantes gruesos que cubrían todo su pecho y daba a la vista un corte en ambos lados de los muslos hasta las piernas, notándose la piel morena solo cuando dio un par de pasos más cerca de ambos, su pelo en disímiles trenzas agarradas algunas en un moño y otras completamente sueltas, un aro de aleación entre plata y oro, y sandalias enrolladas en elaborados amarres en toda su pierna, anillos, pulseras, ligera sombra en sus ojos, bálsamo en sus labios, Brian tragó saliva y miró a su hermano que no apartaba la mirada de la flamante mujer que con su vestimenta hacía justicia a cada curva de su cuerpo y miraba a Nicholas con brillantes ojos divertidos, con una sonrisa divertida⎯y queriendo estar lejo de lo que sea que fuera a pasar⎯Brian se alejó dejando a ambos completamente solos en el salón.
⎯¿Príncipe?⎯volvió a preguntar la fémina, ambas manos juntas en su bajo vientre y una sutil sonrisa, el de ojos grises pestañeo un momento antes de hablar.
⎯¿Qué hace aquí, princesa?⎯su postura cambió rápidamente a una en tensión, Amarü solo mantuvo la misma calma⎯Es impropio de alguien de nuestro nivel, andar escuchando conversaciones ajenas.
⎯No se preocupe, mi señor⎯dijo en voz melódica aún sonriente, más Nicholas vio en sus ojos la hipocresía de su alma⎯Solo pasaba en el momento al parecer para usted menos propicio, intentó llegar al comedor, no pienso pasar el resto del día con el estómago vacío y al comienzo a creer, a solo un día aquí, si me permite destacar, que la servidumbre de este palacio siempre está demasiado ocupada para atender a sus invitados⎯Nicholas abrió los labios para decir algo pero la sorpresa de la tan creíble respuesta lo dejó sin lugar a una réplica favorable a sí⎯Sin embargo me ha dejado intrigada, ¿por qué ha dicho eso a su hermano?.
⎯¿El qué?.
⎯Que ha perdido la cabeza según usted por mencionar fidelidad o respeto entre ambos, entre nosotros⎯él suspiró y levantó del asiento, barriendo las arrugas inexistentes en la elaborada ropa, un traje de dos piezas en azul oscuro, de camisa, chaqueta y pantalón, botas de tacón de dos centímetros y reluciente color. Se acercó con ambas manos en su espalda baja, mantenidas lejos de los ojos de Amarü.
⎯Creo que debo aclarar ciertas cosas, princesa Amarü⎯la morena casi podía jurar sentir el aliento chocando en su mejilla pese a la distancia mantenida, el tono altanero haciendo que una de sus delicadas manos se convirtiera en puño⎯Nuestra unión se debe a desesperadas cuestiones de ambas naciones, muy lamentable, pero real⎯sonrió socarrón⎯Juraremos palabras dulces y amorosas ante mi dios, a ojos del mundo seremos un ejemplo, pero ambos sabemos que dentro de las paredes de nuestros aposentos nunca será así, no me pidas nada a cambio, con el dinero de la corona basta, fidelidad, amor, comprensión, o cualquier treta de niña ilusionada no la obtendrá de mí. Dejando eso en claro me retiro⎯concluyó dándole una seria mirada pasando por su lado para alejarse, acto que se vio interrumpido por una fina y femenina mano que posó su agarre en la flexura del codo, Amarü haciendo uso de un poco de fuerza y de la docilidad de Nicholas previendo no hacer un escándalo se colocó delante de este y le dio la sonrisa más brillante que los grises ojos hayan podido ver jamás.