37 Capítulo Treinta y Siete —Se está convirtiendo en mi mejor cliente —dijo Cathy, mientras Slim ponía una lata de ravioli sobre el mostrador—. Me pregunto si debería hacerle el descuento local. —¿Existe eso? Cathy se rio. —No. Pero podría inventarlo. Depende de cuánto tiempo se quede por aquí. Ya sabe. En realidad, hice inventario el otro día. ¿Ha oído hablar de la entrega a domicilio? Al resto del pueblo le encanta. O eso o es que me odian. Sinceramente, cada vez que veo algunas de esas furgonetas de Morrisons, me tienta tirarles piedras. —Supongo que es solo que son vagos. No tiene nada que ver con usted. —Gracias. —He oído que usted solía estar en el consejo parroquial. Cathy frunció el ceño. —¿Dónde lo ha oído? Dios, hace muchos años que no. No desde que nació el niño y desd

