39 Capítulo Treinta y Nueve Kenny Kent estaba apagando las luces cuando Slim llamó a la puerta. —He venido a pedir perdón —dijo Slim—. El otro día estuve fuera de lugar. Kent frunció el ceño, como si no estuviera acostumbrado a recibir disculpas. Cerró la puerta con llave antes de volverse hacia Slim, que había dado unos pasos atrás, quedando fuera del alcance de sus puños. —Se pasó con eso, ¿verdad? Nunca había visto al muchacho tan enfadado. Lo conseguí calmar, pero no me dijo qué había pasado entre usted y él. —No fue nada —dijo Slim. —Es un poco bruto a veces, pero también parecía como si le hubiera escupido. —Estaba mal. Lo siento. Esperaba poder concluir nuestra conversación. Kenny hizo sonar las llaves y las guardó en el bolsillo. —Hemos cerrado. Pero no le diría que no a

