32 Capítulo Treinta y Dos Slim se levantó con el zumbido de su teléfono. Lo buscó a tientas y lo encontró alojado en su sobaco. Estaba tumbado sobre el sofá en el pequeño cuarto de estar de la casa, con su cuerpo cubierto por una toalla y las piernas expuestas al frío aire de noviembre. La luz del sol se abría paso entre las raídas cortinas mientras Slim se sentaba y empezaba a masajearse frenéticamente para calentar sus extremidades agarrotadas y entumecidas. No recordaba haberse quedado dormido, pero la luz del sol de dio cierta esperanza. Era un nuevo día y un nuevo comienzo. Un nuevo empezar. La letanía de la recuperación se la había inculcado una reunión de adictos a la que una antigua pena criminal le habría obligado a acudir como parte de su sentencia y había tardado años en asen

