—Julieta... te eché de menos. Por fin... Alguien la llamaba por su nombre. Su jefe nunca lo había hecho, solamente para él era señorita. —Gracias, por haberme recibido —dijo un poco tartamudeante. —Estás muy tímida ¿te ocurre algo? —preguntó separándose de ella. —N-no... para nada. —Yo creo, Emiliano sospecha que pasa algo entre los dos. Por eso te envío aquí. —P-puede ser —dijo con una sonrisa como sin saber qué decir. —Estoy ansioso por salir de la oficina e ir a tu casa. —¿M-mi casa? —preguntó Sofía. —Claro, acordamos el ir a almorzar ¿Te olvidaste? El otro día cuando ingresaste a la oficina... me pareció extraño que fingieras no reconocerme. Pero ese ese juego, fue bastante excitante... De nuevo la tomó entre sus brazos y la besó. Sofía, puso ambas manos en su pecho con un

