Evan asintió, haciendo una señal al sumiller. "El Latour 2015", dijo sin mirarlo ni consultar con Madeline. "El trabajo es tedioso, cariño, pero esencial. Eres lo mejor que tienen. Por eso te pagan esa pequeña fortuna". Finalmente la miró, ofreciéndole una sonrisa que no llegó a sus ojos. Era una sonrisa de posesión, de orgullo por un bien preciado, no de pasión compartida. De repente, a pesar de la culpa, su relación se sintió tan vacía y distante. "Gracias, Evan", murmuró, bajando la mirada con recato. Un rubor le subió por el cuello al mirar a Donnell. Está mirando. Está viendo cómo me elogia. ¿Le afecta? La mente de Madeline le trajo el recuerdo de la voz de Donnell, áspera y ardiente contra su oído dos noches antes, mientras la follaba con embestidas lentas y profundas en su cama: "E

