Capítulo 18

1545 Palabras

La invasión casual y calculada de su privacidad, declarada con tanta naturalidad mientras él estaba enterrado en ella, la dejó sin aliento. Él lo sabía. Siempre había sabido que tomaba la píldora. La consciencia, aguda y fría, atravesó la bruma de placer por una fracción de segundo. Entonces él se movió. Sus caderas se movieron hacia adelante, embistiéndola con una fuerza repentina y brutal que le arrancó un grito de los pulmones. Al mismo tiempo, su mano se elevó desde su cadera, sus grandes dedos envolvieron su garganta con firmeza y posesividad. No la asfixiaban, sino que la sujetaban. La reclamaban. La dominaban. Su rostro estaba a centímetros del suyo, sus ojos llameantes. —Y me importan un bledo tus pastillas—, gruñó, con un sonido primitivo que vibraba a través de su pecho contra

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