Un atisbo de tensión tensó la mandíbula de Maddie. Evan. El futuro que se suponía que debía desear. El que su familia, sus amigos, su partido político, todos querían para ella. La vida que la aguardaba en cuanto ella y Donnell salieran del baño. Sus dedos se apretaron contra la pared de la ducha; el contraste entre el hombre frente a ella y el que le escribía sobre la mesa era casi ridículo. Las manos suaves y cuidadas de Evan contra los nudillos marcados por la batalla de Donnell. Las embestidas educadas y superficiales de Evan contra la forma en que Donnell la abría en canal como si reclamara su cuerpo como un guerrero reclamaría territorio. Ella exhaló por la nariz y extendió la mano hacia él, envolviéndole la muñeca con sus dedos húmedos. "Vamos. Entra." Aunque era bastante espaciosa

