Prólogo

3334 Palabras
Prólogo Ivette. La clase de Leyes acaba luego de tres infernales horas, los estudiantes salen apresurados y como siempre soy la ultima en dirigirse a la puerta. Carraspean a mi espalda y medio sonrío cerrando la puerta con seguro, me volteo y encuentro a mi guapo profesor entonando sus ojos, emocionado se tumba en su asiento mientras traga saliva. Que he hecho yo que no puedo resistirme a los “profesores” —Profesor, no me gustó el seis que me puso— le reclamo inclinando mi cabeza a su asiento, me gusta provocarlo. —Si no te gusta, podemos cambiar la nota… —¿Ah si?— me arrodillo quedando frente a su entrepierna, donde sobresale su erección. Bajo el cierre de su pantalón saboreando el m*****o que salta venoso—. Pues me parece justo, he sido una buena alumna. Luego de decirlo, lamo la punta con pequeños toques, divirtiéndome con él, paseo la lengua desde sus huevos hasta la cabeza, muy lentamente, torturándolo en el proceso. Si fuera Kael no me permitiría… ¡No es Kael y es mejor que no lo sea! —Puedes dejar de…— le dejo con la palabra en la boca cuando meto su polla dentro de mi boca, llenado de saliva, chupando como si se tratase de mi dulce favorito. Arremeto dándole la mejor mamada de su vida, mientras tanto sujeta mi cabello. Lo miro a los ojos, los tiene cerrados, gruñe como un animal con la cabeza echada hacia atrás, desvío la mirada a la ventanilla diminuta donde me percato de una mirada sonrojada, le guiño el ojo y se ruboriza peor. Vuelvo a concentrarme en el hombre que jadea e hincha su m*****o dentro de mi boca a punto de explotar, araño sus muslos chupando vehemente ansiando que lo libere, que llene el hambre que nadie puede acabar. Y sucede, trago todo sin que se me escape una gota. Se tardó más de lo habitual. —Espero que me suba la nota, mi querido profesor. Asiente perdido respirando con dificultad. Abandono la sala para dirigirme al comedor abastecido de estudiantes, se encuentran gran variedad de grupos a los cuales pertenecer, los defensores de derechos, los nerds, los egocéntricos, y más, pero yo no pertenezco a ninguno de ellos, soy m*****o del grupo al cual ellos anhelan pertenecer, incluso para quienes digan lo contrario. Paso por la cafetería primero y me sirvo el almuerzo, las personas no se quejan al momento de colarme en la fila. Una vez tengo la comida en mi platillo, me siento en la mesa donde los pares de ojos me escrudiñan. —Que rápido acabas con tu jornada de mamada— ríe Catiel, el moreno de ojos azules. Cuando lo conocí, me intimidó un poco con sus tatuajes y piercings por doquier, una belleza peligrosa puedo jurar. —No tendría que hacerlo si nos encargáramos de él— les recuerdo a todos en general. —Tenemos cosas más importantes como para deshacernos de una cucaracha— agrega Lía, la rubia que me recuerda a cierta hermana que prefiero no mencionar. Nuestro grupo de cinco, inicia por Lía, la rubia quien se volvió una especie de amiga, le sigue Catiel, su primo, luego están Ryan el psicópata del grupo, las chicas caen fácilmente por él, sin saber su lado oscuro, pero no soy quien para juzgarlas cuando también he caído por el hermoso castaño de ojos negros. También están Ian y Lana, que raramente no se encuentran en la mesa. —Hoy a media noche nos toca reunirnos en el Saint' s para nuestro próximo trabajo— avisa Catiel. —¿Y de qué trata esta vez? —Ivette, no seas impactante, tendrás tiempo suficiente para jugar con el pobre inocente— observa a mis espaldas al susodicho que me espió en el salón—Llévalo contigo, ya sabes que hacer. Terminamos de comer en silencio y cada uno toma el camino que debe, mientras yo me voy directa con el fisgón rubio. Cierra el libro de Ciencias sorprendido y parpadea un par de veces detallándome a través de sus gafas. —Hola… — dice en un tono de interrogatorio. —Un gusto, me llamo Ivette Hagens— me presento, arrastra la silla para plantarme frente a él y sonrío pícara—, y tú debes ser Roger, ¿cierto? —Roger Petterson, a sus órdenes— medio se tambalea al ponerse de pie, nervioso. Aprieta sus manos inconscientemente y casi siento pena de tener que convertirlo en mi víctima. —Lo sé, me informo muy bien de quienes me interesan— río acortando la distancia, lo veo tragar grueso, viéndolo de cerca no se ve tan mal, de hecho su ropa de nerd en realidad trata de esconder los músculos que se le forman. —¿Te intereso?— se sorprende abriendo sus ojos cafés. —Por supuesto, y para demostrarlo, quiero invitarte esta noche a una cita— sueno de lo más ridícula. —No podría decir que no a la estudiante más bella de la Universidad— me asquea sus palabrerías—, qué tal si paso por ti a las… —Oh no cariño, preferiría que nos viéramos directamente en el lugar de nuestro cita— sin esperar respuesta, saco el marcador de mi bolsillo, le quito la tapa dejándola en mi boca y sujeto el brazo venoso del rubio escribiendo la dirección de Saint's. Disfruto de su perfume y por raro que parezca, siento un aura peligroso cerca mío, más lo olvido recordando que no hay nadie en la Biblioteca además de nosotros. —Ve guapo, ¿si?— me despido del rubio depositando un corto beso en sus labios— Oh, y espero verte allí a las doce. La jornada de nuestro día acaba, Lía maneja su auto en dirección a mi casa, con su música Hardcore a todo volumen. —¿Cómo se siente la pequeña rata?— pregunta sonriente y es que el tema la divierte tanto como a mí. —La rata ya no tiene lágrimas, eso me estresa sabes… me gustaba cuando suplicaba, rogaba y lloraba desconsolada, ahora se la da de digna, ¿puedes creerlo? —Amiga, que falta de respeto— se ofende— A lo mejor hay que darle un tiempo a solas con Ryan, tal vez así valore tu esfuerzo. —Eso creo, intentaré “hablar con ella”— nos miramos a la vez dibujando una sonrisa la una a la otra, tenemos sonrisas demasiado atractivas para embelesar a cualquier persona. El tramo del recorrido acaba, Lía estaciona el auto fuera de mi casa y aparca. Apaga su música para sumergirnos en un silencio. —Te he visto con el rubio, espero que no tengan compasión con él. Ruedo los ojos. —Lía, llevo con ustedes cinco meses, y me conoces perfectamente. Si antes era una chica normal, ya no hay nada de eso en mí, lo sabes. —Si, te creo, de verdad, pero Adrián aún no confía en ti y eso me preocupa. —Pues encárgate de que tu novio confíe en mí, ya estoy harta de que me crean una novata cuando pase por situaciones peores que las que ustedes pueden contar. Suspira cansada y asiente. Antes de abandonar el auto, acaricio su cuello pálido y planto mis labios en los de ella, la rubia corresponde con los ánimos al cien al igual que yo. Nuestro grupo tiene la peculiar costumbre de besarse en forma de saludo, como más costumbres que considerarían “extrañas”. Mi amiga mordisquea mi labio y me separa de ella, aunque no se aguanta y vuelve a juntar nuestros labios. No me desagrada, también me caliento con esto, pero solo puedo pensar en una sola persona, y es alguien que prefiero enterrar. Acabo rompiendo el beso cuando quiere meter su mano bajo mi falda. El grupo suele ser extremista, y Lía no es la excepción. —Tranquila rubia. —Debes acostumbrarte, solo te ayudo— suena sincera— Además, quien se resiste a ti, perra. Reímos a carcajadas hasta que finalmente salgo del auto. Por muy ansiosa que este de bajar al sótano para visitar a mi pequeña rata, no lo hago. Dedico mi valioso tiempo en arreglarme, tomó una ducha escuchando a Rihanna de fondo. Seco mi cabello que huele a vainilla, masajeo mi piel untándola de crema perfumada. Antes de maquillarme, empleo mi rutina de limpieza facial y después delineo mis ojos, pegando brillos debajo de ellos. Pinto mis labios de rojo, arqueo mis pestañas, busco mis bragas y me meto en el ajustado vestido n***o con un escote que se ata para levantar más mis pechos. Calzo mis pies en unas sandalias altas del mismo color, me miro de nuevo en el espejo maravillada con mi hazaña y reviso la hora. Faltan dos horas para la que el rubio llegue al club, pero por protocolo me adelanto para encontrarme con el grupo. Abordo mi motocicleta y en cuestión de minutos me encuentro afuera del flamante Saint's. Quien lo viera, creería que es una bodega vieja. —Rick, que guapo— halago al guardia calvo que simplemente responde abriéndome la puerta del club. Una vez dentro, la música ensordece mis oídos. Saint's suele estar lleno todas las noches, pero hoy más, al estar los miembros presentes. Doy cada paso segura hallando a Catiel en la barra, perdido en la bailarina exótica que baila desnuda en el caño del escenario. Cuando toco su hombro, no termina de girarse que me adelanto para besarlo, nuestras lenguas chocan entre sí provocándome escalofríos. Aprieta mi cintura y mi trasero, sin importarle si nos ven o no. Y para nadie es cosa del otro mundo teniendo en cuenta quienes somos. —No se te corrió el labial— bufa cuando nos separamos. —Que manía la tuya de querer correr mi labial. La conversación termina ahí. Subo las escaleras para ir al segundo piso donde encuentro a Ryan bebiendo el líquido que una mesera sostiene entre sus manos temblorosa. Cuando no bebe más, acabo el aparentemente whisky y le pido a la meseta que se vaya. Ella duda, pero cuando Ryan me sonríe, ella lo hace. Evito hablar ya que la música no permitiría que escuchemos. Me siento en su regazo, abierta sobre él. Empuño su cuello y quien me roba la delantera es él, besando rudamente mis labios. Joder, el piercing de su labio me enloquece, su m*****o también. Me froto sobre él mientras el descarado aprieta mis trasero, no como Catiel, sino que de forma brusca, sin escrúpulos. Muerde mi labio de una forma que me hace apartarlo por un momento. Ryan no suele medir su fuerza cuando se excita. —Vamos a la sala un momento— gruñe en mi oído, calando la yema de sus dedos en mi escote. Rodeo su cuello y lo vuelvo a besar, jugando lo el piercing que lamo, acción que lo prende peor, ya que sus orbes se tornan oscuros, y su erección se pone más dura debajo de sus jeans, cerca de mi sexo. Me froto sobre él sin pudor retando su paciencia, y cuando estuvo a punto de explotar, aparece Lía luciendo un vestido de satén blanco, luciendo tal cual un ángel cuando es todo lo contrario. No me bajo de Ryan, ella no necesita que lo haga ya que tira de mi cabello para que caiga mi cabeza y darme un beso al revés, mientras Ryan empieza a mover mi cuerpo para continuar el restriegue. Lía desliza sus manos hacia mis pechos, rompe el beso y se sienta al lado del castaño y lo besa llevando una de sus manos al cierre de éste para poder colarse a jugar con el amigo de Ryan. No le dejo fácil a la perra de mi amiga, meto mis frías manos debajo de su playera tocándolo mientras me turno con ella para besarlo, sigo a horcajadas sobre él, y justo cuando Lía saca el m*****o de éste, aparece Adrián, para nada contento. No nos saluda como corresponde ya que es el líder, solo a su novia. —Es un aburrido, pudiendo comer a todos, se come a una— ronronea mientras me bajo de él. —Ivette, tienes que saludar a los demás, no sólo a Ryan. Hijo de puta en todo su esplendor. Nuestro club es de veinte miembros, así que me lleva tiempo saludarlos puesto que también me entretengo como lo hice con Catiel, Ryan y Lía. Una vez acabo, me llaman para ir a la sala. Adrián se para en el centro como todo líder. —Esta noche deben ser cautelosos con sus víctimas, no levantar sospechas y sobretodo centrarse en nuestro objetivo; el funcionario político que nos visita hoy. Como bien saben, las mujeres deben encargarse de acercarse, sin dejar a medias su otra función con sus víctimas. Bien, ¿alguna pregunta? —Quien es el… —Se levanta la mano para preguntar— me interrumpe el muy imbécil. Levanto la mano esperando que ceda la palabra hasta que al fin asiente. —Gracias por dejarme hablar— sueño sarcástica— ¿quién es ese funcionario, cuál es el propósito de este plan y… —Eso no te interesa ni a ti ni tampoco al resto. Nos pagan es nuestro club y sabías de antemano que no hacemos juegos inocentes. —Lo sé, solamente quería saber… —No me importa que quieres saber, o te callas o te largas. Le dedico la peor mirada posible al petulante que se cree el diablo solo por manejar al grupo. El grupo se disuelve para distraerse. Siempre es peligroso en cada objetivo que nos toca, no jugamos a las cartas simplemente, jugamos con fuego, con nuestras propias vidas. La razón por la que entre al grupo me da fuerzas para continuar en él y no matar al idiota de Adrián. —Hoy me toca una dulce morena— susurra Ryan en mi oído, acaricia mis hombros desnudos provocándome escalofríos. Pobre de su víctima. —A mi un encantador rubio, la verdad no entiendo porqué. Se sitúa en mi espalda para abrazarme y lamer mi cuello. —Es el sobrino del funcionario, y mi dulce morena es la hija. Escucho atentamente, esta oportunidad no se presenta de seguido, Ryan no suelta información importante a la ligera. —Bueno, ya es medianoche— anuncia Adrián levantando su copa, todos brindamos, bebemos el líquido rojo, buscamos nuestros antifaces y nos volvemos hacia él— Que gane el mejor. Salimos con disimulo, cada uno por su lado, de a poco. Quienes asisten al club ahora usan antifaces para ocultar el rostro, un tanto excitante cuando se conoce a otras personas. Rick me ve a lo lejos y me hace una seña para que me acerque, supongo que mi presa llegó. —Guau, que guapo— digo sincera, Roger no viste como nerd, vino con una camisa roja, semi abierta en su pecho, las gafas las ha dejado en su casa, el cabello de oro lo trae despeinado sumándole puntos a su atractivo. —Vamos, no seas tímido, entra— lo arrastro conmigo hacia la pista de baile, en un descuido suyo le consigo su antifaz, alcohol y bailo con él. —Que locura de fiesta, con que aquí se reúne el club de los misteriosos. —Así es, aquí nos divertimos—meneo mi pelvis sobre él al ritmo de David Guetta que retumba. Desde arriba, el todopoderoso Adrian señala la sala, indicándome los pasos a seguir aún cuando no es necesario. —No pareces una mala chica— interrumpe Roger. —Nadie dice lo contrario hasta donde sé— dedico una sonrisa traviesa y me acerco a su oído— ¿Y si vamos a un lugar más privado? —De acuerdo. Entrelazo nuestras manos subiendo los escalones, tengo muy en claro mi misión. La música empieza a sonar lejana a medida que cruzamos los pasillos carmines, vemos parejas besándose, de reojo busco la reacción de mi pareja esta noche, no se inmuta, no veo rastros de nervios, entusiasmo o siquiera la inocencia del nerd que conocí. —Es aquí— anuncio introduciéndonos a ambos. Dentro la música es baja, las luces son tenues y el ambiente se pone pesado. —¿Te gustan los juegos?— indago sentándome en el escritorio del fondo. —Depende— responde tajante. Frunzo mi ceño, estudié su perfil, lo analice cada maldito segundo de mi día hasta llegar aquí, pero no parece el mismo. —Ivette, soy un hombre, a lo mejor te parezco un idiota, pero créeme que cuando se trata de una mujer la cual deseo, no soy el mismo— no me di cuenta en que momento se acercó a mí, solo puedo repodrucir esas palabras en mi cabeza. No sé si reír o sentir pena del pobre tonto. —Cariño, espero que lo demuestres— abro mis piernas para rodear su cadera y pegarme a mi objetivo cuan garrapata. Abro mi boca y un torbellino de sentimientos se apoderan de mí cuando su lengua se adueña de la mía convirtiéndome en una inexperta. Juega con el piercing de mi lengua, lucha por dominarme, más soy yo quien retoma el control acostándolo sobre el escritorio. No tarda en presentarse el bulto entre sus piernas, mis mejillas arden cuando sube la falda de mi vestido sin ser el caballero que imaginaba. Magrea mi culo al aire consiguiendo que jadee dentro de su boca. Libera mis labios para darme la oportunidad de respirar, aunque la tomo solo para liberar su polla. El rubio sonríe de lado, vuelve a atraerme hacia él mordisqueando mi labio. Me froto sobre su m*****o no aguantando la tensión, no imaginaba excitarme con el nerd, ni llegar a tales extremos para conseguir lo que quiero, pero lo voy a aprovechar. —Joder Ivette, eres peligrosa— jadea haciendo añicos mi braga negra. Me sobresalto al sentir vividamente su polla rozando mi sexo, su voz gruesa cala mi piel, que su contacto. No nos torturo más, me deslizo sobre su pene dejando que invada mi interior acostumbrándome al tamaño que por un segundo me hizo contener la respiración. —Hija de perra— gruñe cuando lo tengo todo dentro mío. Sin contemplaciones, sin romanticismo, brinco como coneja buscando el placer que anhelo. Me vuelvo una ninfómana mientras mis tetas rebotan sin salir del escotado vestido. Mi rubio permite que lo use, que me mueva a mi gusto y sea su puta, y eso me gusta, no, me fascina. Bajo la cabeza para besarlo mientras una de mis manos se desvían debajo del escritorio para buscar la daga que implanté posteriormente. Una vez la toco, Roger jadea apretando mi cuello cambiando de posiciones, yo debajo de él, esta vez recostada, y él sobre mi, propinandome estocadas salvajes sin apartar su mano de mi cuello. No puedo respirar, pero no me muevo para atacar, simplemente lo rodeo con mis piernas para que me penetre con mayor proximidad. —Deliciosa— dice entre jadeos, nada sale de mi boca aparte de gemidos. Siento que voy a explotar, no debería, tendría que acabarlo pero no puedo. —¿Te gusta perra?— pregunta levantando mi pelvis, joder, babeo con sus penetraciones, con el sucio vocabulario del no tan inocente nerd. Mi entrada palpita desenfrenada por culpa del rubio, quiero que me toque más, que me lastime más, quiero… —Responde, puta asesina— abro los ojos, parece notar su error. Previene la golpiza que iba a propinarle, no sale de mi interior lo cual es peor y… —¡Señor, no estamos solos!— grita un pelirrojo que entró sin tocar, pero la imagen se congela cuando la sangre nos salpica a causa del disparo que recibe directo a su cabeza. El cuerpo cae, la silueta detrás suyo me congela. Y no por el hecho de que a lo mejor todo fue una trampa, sino por saber de quien se trata. —Kael. Trago grueso.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR