Carta 4

301 Palabras
21 de Enero de 2019. Santiago Centro, Chile. Hola. Hoy la Región Metropolitana estaba hecho un caos, más que de costumbre, así que en medio del tráfico, llamé a la oficina para avisar que no iría hoy. Me desvié y fui a llevarle flores a las tumbas de mis padres, que están en el Cementerio de Ñuñoa, a unos minutos de aquí de Santiago. Y ese dato, también es mentira, no te diré en cual cementerio están enterrados, porque puedes encontrarme y no quiero que eso suceda. Visitar a mis padres siempre me permite recordar todo lo que pasó y porqué estoy haciendo lo que estoy haciendo. El porqué he matado a gente inocente. Creo que no te lo había dicho, pero en diciembre del año pasado maté por primera vez, a una anciana. Era una mujer solitaria caminando por el parque a casi media noche, necesitaba drenar una rabia que ya ni recuerdo porque era; tomé un bolsa, y asfixié a la señora. Te juro que yo pensaba que era una callejera, pero al ver las noticias de día siguiente, me di cuenta que ella tenía familia, aunque no me sentí culpable por ello. La vida es así, de gente mala que va haciéndole daño a gente buena, y que no se sienten culpables por las cosas que hacen. A veces me cuestiono si Sarah se sentirá culpable por haber matado a mi mamá, o por el suicidio de mi papá, o por haber dejado huérfano a un niño de diez años. Estoy convencido de que no es así, sino, no hubiese continuado su vida como si nada. Acabo de llegar  a casa después de visitar la tumba de mis padres, y solo eso quería contarte, gracias por leerme de verdad. Gracias por ser mi cómplice. Quien te escribe, Carlos.
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