24.

1039 Palabras

24. Al llegar al hospital, todo parecía como de costumbre. No había rastros de la balacera, y bien podría pensar que era obra de mi cabeza, pero no. Ya que no estaba más Ortiz, el único de los hombres de Bellamy que me agradaba, nunca iba a olvidar la actitud de guardaespaldas de película que adoptaba. En ese momento, era el antipático de Gómez que no se separa de mí, parecía mi sombra. —Sepa entender, doctora. Es mi trabajo mantenerla en una pieza, doctora –me decía cuando le pedí que se quedara fuera, pero nada, ahí estaba. Era molesto. Pero, una vez dentro de la cabina de Doriam Mcneal, vi que había cerrado los ojos, y que parecía que se tomaba una larga sienta, pero el color de su piel, ya se empalidecía. Eso me tenía preocupada. Le revisé la mano y encontré los dos minúsculos orifi

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