20.

979 Palabras

20. Y mientras caminaba, a veces era inevitable que pisara el vidrio, el ruido que hacían, me hacía sentir un hueco en el corazón, un vacío, sin más, sin motivo aparente, en ese momento no temía por mi vida, no le temía a la muerte, o no pensaba en ella. Cuando me fui acercando a la habitación en la que menos de una hora había estado, vi en el suelo a varios hombres tendidos en el suelo, quizás se trataba de una orden caprichosa de Bellamy, los conté, eran tres en total. Y los tres estaban si vida. Las balas los habían atravesado; a uno el cráneo, al otro en el cuello, ese tuvo una muerte lenta, por asfixia, pero ya no podía hacer nada por él. Y el tercero, tenía la bala justo en el ojo derecho, pero no había muerto por eso. Revisé con la vista, hasta que encontré el orificio en el cora

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