26. La limusina se detuvo entrando hacia la zona norte. No sé por qué pensaba yo que ese era nuestro destino. Miré a los alrededores, cerca, había uno de esos pequeños parques para infantes de la primera edad. Vi que dos pequeñitos jugaban en el arenero, mientras las mamis de los dos, charlaban, sentadas en el asiento de concreto. Gómez sacó su arma y me apuntó. —Verá doctora, no puedo encargarme de mantenerla a salvo si usted misma es la que pone en riesgo mi pellejo. Sepa comprender, tengo una familia y dos amantes que mantener, mi vida, verá doctora, no me pertenece. Mi vida, de por sí es demasiada caótica como para que venga usted y me desequilibre todo. Ahora, doctora baje del coche, eso sí, manteniendo las manos visibles. Su compañero que estaba a lado, no se lo vio venir. —¿Q

