Durante años para Eva su marido era un santo, Matilde no era la única mujer que le coqueteo a su marido Paolo, pero él siempre supo serle fiel. Pero sus rodillas empezaron a inflamarse mucho y el dolor no la dejaba dormir. Después fue su hombro izquierdo y su mano derecha, su salud se quebraba y sus constantes palabras eran: ¡Me duele! Paolo tenía muchos meses sin mujer y se comportaba como un caballero con ella, la ayudaba a vestirse y había días que por el dolor Eva le pedía ayuda para bañarse. Eva lo hacía pensando en ella, en su dolor y en nada más. Pero para Paolo no era nada fácil. Él tenía que verla desnuda o desnudarla para bañarla y seguía siendo hombre. A Paolo siempre le habían gustado mucho las amplias caderas de su mujer Eva, ese contoneo que hacía al caminar su espo

