Nombre El sonido del metal chocando contra el suelo reverberó en el gimnasio como un disparo seco. Owen soltó la barra con control, no con descuido. El peso cayó en su lugar y el eco se expandió por el espacio cerrado. El aire olía a hierro, sudor y desinfectante industrial. No había música. Nunca la había. No necesitaban distracciones. Las repeticiones marcaban el ritmo. La respiración era el compás. Owen flexionó las manos, sintiendo la tensión en los antebrazos. Había cargado más peso del habitual esa mañana. No por necesidad física, sino por exceso de energía mental. Cuando algo quedaba inconcluso, entrenaba más. Le daba dirección al ruido interno. A su alrededor, el equipo se distribuía en estaciones. Dos hombres practicaban combate cuerpo a cuerpo. Otro golpeaba el saco co

