Rowan se apartó de mi rostro y me miró a los ojos. —Está bien. Nix retrocedió, dejándome sin aliento y confundida. —¿Qué? Rowan se levantó, casi me tambaleé de lo rápido que se puso de pie. —Dije que está bien. —Su sonrisa era perfecta. Todo en él era perfecto. Agité la cabeza para aclarar mis pensamientos. —Estoy confundida… ¿Qué? Él se rió y luego me tomó de la cintura, acercando mi cuerpo al suyo y se inclinó, besando mis labios y casi haciéndome gemir. Sus labios eran suaves, deseables, y quería pasar el resto de mi noche explorándolos, pero se apartó. —Tu loba ha hecho un buen punto. Si quiero ganarme su nombre, si quiero algo de ti, necesito demostrarlo. —Rowan apretó mis caderas, y sentí que mis ojos parpadeaban por el ligero dolor. Estaba aprendiendo cosas sobre mis gustos

