La puerta de mi oficina se abrió de golpe. —¡Joder! Sonreí mientras me recostaba. —¿Qué? —¡Me encontraste!— Rick entró corriendo y rodeó mi escritorio. Sentí que mi cara se tensaba cuando se acercó. Antes de que pudiera pensar, me tenía en sus brazos y estaba saltando. Literalmente, saltando. —No me lo puedo creer— Pareció congelarse y luego me volvió a poner en el suelo. —Lo siento— Se echó hacia atrás con las manos levantadas. —Lo siento, es solo que… es solo— Se sonrojó y yo me reí. —¿Qué? —Nadie me ha encontrado nunca. Joder, la mitad de los chicos que Vince mete aquí, apenas pueden pasar la primera trampa que les puse. Eché la cabeza hacia atrás y me reí. —¿El cortafuegos que se volvió en mi contra?— Él asintió. —¿En serio?— Fruncí el ceño y él simplemente asintió de nuevo. —Pero

