46. La penumbra es lo único que hay. Tres días han pasado y no sé nada de Isharys. Quizás esté muerta, entonces cobraré venganza. Si los de arriba no mueven uno solo dedo para equilibrar la balanza, me encargaré de hacerlo yo. Manave va a pagar con su vida, aún me cueste la vida, porque ya nada tendrá sentido sin mi amada. A kilómetros de allí. Isharys yace, entre la tierra y el infierno. El ejército de carroñeros, que ella ha creado, ahora, por la orden de su ama, se han puesto en contra suya, y ahora la buscan por todas partes, y lo que ha conseguido avanzar, es nada. Con la poca fuerza que le queda en el pálido cuerpo por la falta de sangre, se corta un dedo y la gota que cae a la tierra lleva su mensaje hasta Iakobus. Iakobus, abre los ojos. Isharys le ha mandado su señal, sabe

