59. Cuánto quisiera poderme echar un par de horas en el sillón y descansar el cuerpo… ¿Quién se atreve a molestar el santo sueño de un soldado de la agencia? Abro los ojos. Tengo los ojos de Katrina encima. Por un momento he olvidado que los estaba buscando, y ahora es ella la que ha dado conmigo. —Vaya siestecilla que te diste… —me dice con su típico tono de sarcasmo. —¿Mikael? —Él está bien, un buen samaritano le ha curado las heridas… —Y su mirada me dice “mientras vos dormías plácidamente” pero es que no lo hice a propósito, pero ella no lo sabe. —Por favor, Katrina, que no se vaya a enterar. —¿Enterar de qué? —Que me he quedado dormido… —y me incorporo. Al menos he recuperado las energías, pero eso también parece importarle nada a ella. —Se lo pienso decir… se suponía que e

